Ondas eléctricas en permanente descarga agitan la san- gre, los tejidos. Los ojos bien abiertos. Un silencio per- turbador. Los dientes bien apretados. Los oídos trinan. Un caminar eléctrico, tenso, alterado. Brillante. Un brillo enceguecedor. La carne dura. Las horas pasan eterna- mente despacio. Otra descarga eléctrica. Y otra. Atra- viesa toda la columna. Un rayo al mar es inofensivo. Los cables descargan la tensión, la corriente alterna externa pasando por un cuerpo de agua.
El mundo se da vuelta. Todos los que están durmiendo caen de sus camas al mismo tiempo que sus habitacio- nes se inundan de agua. Grandes torrentes entran por todas las casas, los pasillos, atraviesan puertas. Los dur- mientes caen al agua, ahogándose sin darse cuenta.
Se ven rayos eléctricos en el agua. Los cuerpos flotan. El agua se vuelve oscura. Otra descarga. Los rayos alumbran los cuerpos. Ellos se vuelven brillantes cuan- do duermen.