PERSONAJES:
OBESO, EL SERVIENTE, LA JOVEN, LA COCINERA
En una habitación, un hombre obeso sentado en una mesa, llena de platos medios vacíos, papeles y restos de comida esparcidos por el espacio, a un costado un tacho. Tras él una ventana, próximo un armario. Él parece dormido. Se escuchan niños que cantan afuera.
No te acerques al monstruo indecente, De noche y de día afila los dientes.
No reconoce ni su propio ombligo, Pierde en sus pliegues todos los tornillos.
Abre y cierra la boca que llena Entra y sale que llega y le llevan
Muerde que muerde la triste condena No puede parar, el fondo no llena
¡Gordo sebón!
¡Gordo chichón!
¡Gordo glotón!
¡Gordo panzón!
(El Obeso interrumpe el canto con un alarido de despertar. Se gira al tacho y vomita)
OBESO: ¡¡¡Aaaaahhh me muero de hambre!!!
NIÑO: ¡Gordo engullón!
OBESO:¡Cállense o los haré sopa de sapos! (Se oye que los niños ríen y se alejan)
OBESO:(mira hacia la puerta, nadie viene, presiona un botón y una baliza puesta a un costado de la mesa se ilumina y suena) ¡Muero de hambre!
(Entra un sirviente muy delgado, nervioso, trae en sus manos una bandeja con un plato de sopa que con los nervios salpica para todas partes. Le sirve)
OBESO:justo a tiempo, sentía que una de mis tripitas clamaba ingestión ¿De qué es la sopa?
SIRVIENTE: emm
OBESO:no importa, lo sabré de todas formas (sorbetea y degusta) mmmmm… patitas de cerdo.
(El sirviente trata de ordenar rápidamente los desperdicios regados)
OBESO:Me preocupa la situación, veo que las patitas están cada vez más flacas, nada es como antes, me parece que la cocinera compra chiquito y se queda con el cambio. ¿Tú qué crees? (El sirviente sigue limpiando sin oírlo, el obeso golpea la mesa)
SIRVIENTE:¿Perdón?
OBESO: no importa, están todos coludidos. (Mientras chupetea una patita de cerdo, saca una carta de entre sus pliegues) Toma, pásale esto a la cocinera, dile que la lleve al almacén de Liborio. (El sirviente la recibe, se dispone a salir) Pero antes, dile a la cocinera que deje todo listo para que me sirvas. Y, espera… (Termina la sopa inclinando el plato directo a su boca, se escarba entre los pliegues de su panza y saca una cajita, la abre con una llave que tiene atada al cuello, de su interior toma un par de billetes) Con esto compra unas patitas de cerdo ¡Y apúrate que me enfado con el estómago vacío! (El sirviente sale). A ver con el tamaño de patas que regresa este.
(Se oyen nuevamente niños desde afuera)
Abre y cierra la boca que llena Entra y sale que llega y le llevan
Muerde que muerde la triste condena No puede parar, el fondo no llena
¡Gordo sebón!
¡Gordo chichón!
OBESO: ¡Cállense! ¿Que no tienen que hacer sus tareas? Hijos de temporeros, los dejan sueltos todo el día, como jaurías salvajes. ¡No están ni para el horno engendros malnutridos! ¡Deberían hacer algo productivo y ayudar a sus padres para que paguen sus alquileres a tiempo!
Parásitos.
(Se oye a los niños reír y alejarse)
OBESO: voy a pedir que suban el muro, a ver si les quedan fuerzas para gritar más fuerte
(Presiona la baliza. Entra corriendo una joven muy delgada y tímida)
OBESO: ¿Y tú quién eres?
JOVEN: (murmura)
OBESO: ¿Cómo? Más fuerte
JOVEN: Margarita Señor. Soy la hija de… (Murmura)
OBESO: ¡Habla más fuerte que no como!
JOVEN: Que soy la hija de la cocinera, señor. Fue al almacén de Don Liborio y me pidió que lo atendiera si necesitaba algo, porque dice que si no… (Murmura)
OBESO: Yo le pedí que fuera al almacén. Pero tú querida, ¿cuántos años tienes?, ¿por qué no te había visto antes por acá?
(le extiende la mano rolliza para que se acerque)
JOVEN: (acercándose tímidamente) 19 años, señor. Soy temporera en las frutillas, hoy tengo libre y vine a ver a mi mamá.
OBESO: (mirándola por todas partes) no sabía que la cocinera tenía una hija. Interesante.
(Entra el sirviente)
SIRVIENTE: Señor, las patitas… Margarita.
JOVEN: Manuel…
OBESO: ¡Cómo es eso de entrar como Pedro por su casa!
SIRVIENTE:Disculpe Señor (sin quitar sus ojos de la joven). ¿Las patitas de cerdo se las dejo acá o se las paso a la cocinera?
OBESO: Pásamelas (toma la bolsa, saca una pata) ¡Una porquería de pata! No se puede confiar en los empleados, ¿y el cambio? ¿Cuánto te sobró?
SIRVIENTE: Le dije al carnicero que me diera toda la plata en patitas y me dio eso…
OBESO: ¡cuatro patas flacas! (intenta ponerse de pie pero no puede) te voy a… ¡sal de aquí!
SIRVIENTE: ¡Pero Señor!
OBESO: ¡Pero nada!
SIRVIENTE:La cocinera le envió esto, es lo que le encargó del almacén de Don Liborio.
OBESO: (se tranquiliza y recibe el paquete. Lo toma con suavidad y saca una cajita musical. La abre y suena una musiquita. En su interior, una bailarina gira. El Obeso queda hipnotizado con la imagen de la bailarina. El sirviente y la joven, que habían estado mirándose entre sí, se prenden con la imagen de la bailarina y poco a poco comienzan a acercarse, hasta quedar las tres cabezas juntas) Tan frágil. Es hermosa, como…
(Su cara comienza a endurecerse, como si la ira lo tomara. De pronto golpea la mesa y todo su cuerpo se vuelve un oleaje de grasa, joven y sirviente se asustan)
¡¡¡Aaaahhhh!!! ¡¡¡Me muero de hambre!!! (Al sirviente) Tráeme un buen plato de comida.
(El sirviente sale rápidamente, la Joven tras él, pero es detenida)
OBESO: ¡Margarita! Usted quédese, su compañía me calma el enfado.
JOVEN: Pero Señor yo…
OBESO:Ven aquí, acércate, esta tarde serás mi invitada. (La joven se acerca tímidamente). Eso es, me parece muy extraño que nunca antes te haya visto.
JOVEN: Mi mamá siempre me dijo que no viniera hasta acá porque… (Murmura)
OBESO: (Acercándola más hacia su cuerpo brilloso de sebo) ¿Cómo? No te oigo
JOVEN: que mi mamá dice que a usted no le gustan los niños, pero ahora ya no soy tan niña
OBESO: De niña nada ¿Te gustan las bailarinas?
JOVEN:Sí Señor
OBESO: Te voy a obsequiar algo hermoso. Ve hasta el armario. (La joven camina hacia el armario) Abre la puerta.
(La joven abre la puerta del armario, en su interior, vestidos de mujer)
OBESO: Escoge alguno. (La Joven los mira y dubitativa saca uno) Pruébatelo. Si quieres pasa a la otra habitación, yo te espero
JOVEN: Gracias Señor
(La joven sale. Entra el sirviente rápidamente. Le sirve un plato de comida al Obeso y una copa de vino)
OBESO: Esta noche seremos dos (Entra la joven con el vestido puesto)
SIRVIENTE:Margarita…
(Ella mira al Sirviente con desconcierto)
OBESO: Margarita, ese vestido te queda hermoso. Ven siéntate junto a mí. Serás mi invitada especial esta tarde… y quién sabe cuántas más (Al sirviente que no puede quitar los ojos de la joven) ¡Y tú trae otro plato y otra copa!
SIRVIENTE: Sí señor (Sale)
(La Joven, tímida pero feliz por su nuevo vestido)
OBESO: (Tomándole la mano) Margarita, me da mucho gusto que estés aquí. Espero que puedas venir más seguido, puedes no irte más si gustas. Le voy a decir a la cocinera que se vengan ambas a esta casa. Ella en la cocina, tú junto a mí, no les faltará nada.
JOVEN: (incómoda) Señor, no…
(Entra el sirviente y pone un plato más para la joven, sirve vino)
OBESO: Tú y yo, podemos hacernos una feliz compañía, comeríamos lo que tú quieras. Puedes usar los vestidos que gustes, todos pueden ser tuyos.
(El sirviente tira el vino sobre la Joven)
OBESO: ¡Pero qué te pasa estúpido!
SIRVIENTE:¡Perdón, Señor! (Seca a la joven con una servilleta)
OBESO: Pero… ¡No la toques! ¡Atrevido!
SIRVIENTE: ¡Perdóneme Señor! ¡Pero la toco todo lo que quiero! ¡Dile Margarita! ¿O prefieres quedarte con los vestidos de la difunta?
JOVEN: ¡Manuel! ¿Qué te crees? Yo sólo…
OBESO: Sólo querías quedarte con mis cosas ¿no? Eso es lo que tienen los temporeros ¡Parásitos aprovechadores! Y después quieren vivir de gratis (Al sirviente) ¿Tú también quieres unos de mis vestidos? (Saca de entre sus pliegues un arma y lo apunta) ¡Anda! ¡Saca un vestido y póntelo!
SIRVIENTE: Pero, Señor
OBESO: ¡No me hagas repetirlo!
(El sirviente se acerca al armario y toma un vestido)
OBESO: ¡Dije que te lo pusieras!
(El sirviente se quita la ropa y se pone el vestido)
OBESO: (a la joven) Siempre igual. Sucia mal intencionada, haciéndote la blanca flor, ¡arpía! (a ambos apuntándolos) ¡Bailen! ¡Dije que bailen!
(La Joven y el Sirviente se acercan. El Obeso abre la cajita musical. Ellos bailan torpemente al ritmo de la cajita. El Obeso, come mientras sigue el ritmo con la pistola. Le viene una gran arcada y vomita. El Sirviente se abalanza sobre él. Forcejean con la pistola. Entra la cocinera)
COCINERA: ¡Margarita!
JOVEN:¡Mamá!
(En el forcejeo se distraen con la voz de la cocinera, se vuelven hacia ella y dejan salir un disparo. Margarita corre hasta su madre. El Obeso suelta la pistola)
OBESO: Ahora quiero ver cómo vas a salir de esta, el mayordomo siempre es el asesino…
SIRVIENTE: (Perplejo, con el arma en la mano. Lo apunta) ¡¡¡Gordo asqueroso!!! ¡Me cansaste! ¡Todo el tiempo teniéndote miedo! Mandándome para todas partes porque no eres capaz de levantar el culo de tu asiento.
Con lo que le robas a la gente te comes el mundo y sabes por qué las patas de cerdo están tan flacas, ¡porque todo está flaco menos tú cerdo inmundo!
OBESO: ¿Qué te crees….
(El Sirviente suelta el arma, se abalanza y resbala entre la grasitud del obeso, se encarama en la arena movediza de pliegues, finalmente toma el tacho de vómito e introduce la cabeza del obeso en él, el obeso no logra salir a pesar de sus movimientos gelatinosos. El sirviente termina sentado sobre la cabeza del obeso que ha dejado de respirar. Margarita se ha llevado a su madre. Cuando el joven baja del obeso, y va a salir tras Margarita, decide regresar. Se acerca al cuerpo y de a poco introduce medio cuerpo en el cuerpo del obeso y comienza a sacar una multitud de objetos de sus pliegues, platos, joyas, papeles, cajitas musicales, comida, lápices, armas de todo tipo, un fajo de billetes, zapatos, pelo, pelo, pelo, una mano, seguido de esta un brazo, una pierna, tras el pelo una cabeza y un cuerpo completo de mujer. Un cuerpo muy delgado y deformado con un vestido empapado de grasa. Mientras de fondo Se oyen a los niños cantar).
No te acerques al monstruo indecente, De noche y de día afila los dientes…