NIÑO DE BARRO
Romina Venegas

Una Voz (aguda): ¡La maderfaker!

Sonidos de pasos, suspiros, carcajadas. Por lo bajo se escucha un tango. Una mesa, sobre ella un gramófono, al parecer, la relación entre los seres que se encuentran allí.

La Voz: Según la leyenda Manucho vino a este mundo una noche de tormenta, cuando el viento soplaba y en su soplido azotaba los árboles (sonido de viento realizado por la voz), truenos (sonido de truenos realizado por la voz) relámpagos (juego de luces y sonidos) Hijo de Mamá Lucha y Papá Guapo, Manucho fue el primogénito de una familia vecina de acá del conventillo. Manucho fue siempre especial… estaba hecho de tango, tango y barro, un cuerpo robusto pero desproporcionado, su llanto sonaba al 2×4. La respuesta no es suficiente. La respuesta es mucho más fácil. La respuesta es más fácil. Manucho creció, creció la familia, creció el repertorio de tango y creció la fama. Papá Guapo ni lerdo ni perezoso montó un mini circo, un mono circo, un circo de uno pa’ muchos, pa’ todos los que la pagarán la entrada; una mesa, una luz y unas cuerdas alrededor, “pa’ seguridad ¿vio?”.

Otra voz (desde el fondo): «Pasen, pasen y vean como la naturaleza ha sido capaz de rodar de un chiquilín, pero el tango le ganó la pulsiada. Pasen, pasen y vean no se pierdan al niño de barro”…

Manucho (Canta sobre una mesa): «Quereme así piantao, piantao, piantao. Trepate a esa ternura de locos que hay en mí, ponete
esa peluca de alondras, y volá. ¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!”

La Voz: Y así pasaron los días, las horas, los meses, los años. Manucho cantaba. Las únicas personas que lo conocieron fueron espectadores entre elogios y burlas. Manucho creció y creció su tristeza y una tarde sin que nadie lo notara, Manucho comenzó una regresión desde adentro hacia afuera, se dio cuenta que su cuerpo comenzó a desvanecerse, descubrió que cada vez que cantaba “La luz de un fósforo” y no otro tango, una pequeña parte de él se humedecía. Mamá Lucha fue la primera en darse cuenta de lo que sucedió después de cada función: Manucho cantaba, lo sacaban al sol. Manucho cantaba, lo sacaban al sol. Manucho cantaba, lo sacaban al sol. Manucho cantaba, lo sacaban al sol. Manucho cantaba, lo sacaban al sol. (Juego rítmico) ¡Una tarde un grupo de
gringos escucharon a Manucho, lo escucharon por hooooooooras, como pavotes! «La luz de un fósforo fue nuestro amor pasajero… Duró tan poco… lo que sé… como el fulgor que da un lucero… La luz de un fósforo fue nada más, nuestro idilio… Otra ilusión que se va del corazón y que no se vuelve más…» Esa tarde cantó, Manucho cantó tantas veces que sus ojos, como un río comenzaron a
fluir y todo su cuerpo, cada rincón de su cuerpo fue un pequeño mar, ¡Diluviaba sobre el cuerpo terrenal de Manucho! Mientras que su Tango se aflautaba, Manucho, derribado … diluído … Sobre la mesa el montoncito de «Manucho» cantando el tango.

Por Romina Venegas

@venegas.romi