TKIT-TKET
Silvina Falco
Tkit-tket o tliK- tleK; era el ruido de sus agujas .
Tejía abuela Rosita.
A dos agujas tejía: Chalecos, bufandas y mitones, tlik-tlek…tlik-tlek.
Hace muchos años que abuela no habló más. Tan sólo un día así lo decidió y desde entonces tliK- TleK…Tlik-TleK…TliK-tleK….
Un extraño misterio familiar, recorría las lanas y el tlik-tlek de sus agujas, que al chocar enlazaban sueños remotos con tempranas
pesadillas. Sombras y misterios se urdían ente prolijos puntos y color pastel.
Abuela murió una noche.
En su boca entreabierta vislumbré un hilo de sangre.
Al acercarme ví que el hilo se movía…
TliK-tleK , se escuchó tlik-tleK, tlik-tlek…
La boca de abuela se abrió inmensa, para dar paso a un ser nunca visto: una gran bolsa que iba cambiando de forma; exhibía
pomposa su exclusiva piel conformada por hilos de extraños colores tejidos en primoroso punto Santa Clara (impecable el punto,
sin perder la hilera). Dos florcitas Rosas Rococó bordadas en las orbitas de sus ojos, me miraban fijamente y su boca, ahora que lo
pienso, se parecía bastante a la de mi abuela.
¿Quién sos? La increpé.
La bolsa tejida avanzó, tlik-tlek deslizándose por el pecho de abuela.
Soy Rosita.
Rosita murió.
Entonces ella rió a carcajadas, tlik-tlek, desternillándose como sólo una bolsa tejida puede hacerlo. Por eso estoy libre. Yo soy
Rosita la oculta, la atada, la anudada.
Se meneaba con orgullo y al llegar al piso, comenzó a envolverme como una bolsa constrictora. ¡Ahora te toca cuidar de mí!
Yo sentía el tejido ciñéndose contra mi cuerpo, tlik-tlek, me asfixiaba, lik-tlek caí al piso y comiencé a arrastrarme en un último
intento por salvarme, tlik-tlek, no tenía fuerzas. tlik-tlek logré llegar hasta la ventana, tlik-tlek me dejé caer del piso 12.
Y caí, caí, caí hasta el día de hoy.
FIN