Madre: ¡Emilia! ¡Sacaste las sábanas? ¡No las encuentro! 

Emilia escucha desde dentro la voz de su madre mientras ella juega en la terraza con las sábanas  blancas colgadas de extremo a extremo de tres sogas al sol; metiéndose entre los espacios,  tensando y soltándolas para dejarlas libres al viento mientras se enrolla en ellas, se desenrolla y  baila, las toma y las suelta; las golpea con fuerza generando un seco ruido. 

Emilia: (gritando) Ahí voy! 

Madre: (imperativa) Planchadas y dobladas, ¿eh? Antes de las ocho que viene Daniel, así hacés la  comida, ya sabés cómo se pone sino. 

Emilia: (se le enreda un extremo de la sábana al cuello, intenta contestar con un ademán que  ajusta más la sábana y se ahoga sin poder hablar) Aahhhggggg 

Madre: (más imperativa) Te dejé la lista de compras sobre la mesa, yo me voy a las 9; para esa hora  tiene que estar todo listo. 

Emilia: (se desenrolla, abre los ojos alarmada) ¿Para qué viene? No hace falta, Má…(enrolla en una  vuelta con su mano un extremo de la sábana alrededor de su vientre, intenta caminar y la sábana  la detiene en seco, insiste en el movimiento, no puede caminar

Madre: ¿Y quién te cuida a vos? La otra vez te salvaste de romperte el alma ¿Ya te olvidaste del mes  en reposo que pasaste?, ya me descontaron bastantes horas esa vez, ¿Querés comer arroz todo el  mes? ¡Decime, que querías hacer en el techo del vecino! No te dejo más sola, no sos responsable,  menos mal que Daniel se ofreció a ayudarme. 

Emilia: (Aún detenida por la sábana, intentando avanzar cada tanto, en un gesto de intentar  liberarse de la sábana en su vientre, se la ve desesperada, ruega) ¡Te prometo que no lo hago más!  Ya aprendí, me porto bien sola ahora. 

Madre: (colérica, gritando) ¡Basta! ¡En vez de quejarte hacé lo que te pedí!  

Emilia: (Entre giros, perdida y enredada entre las sábanas de pronto pierde el piso, queda atrapada  por una de ellas al enredarle su brazo, flamea como bandera al viento que sopla del sur, y canta  

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despreocupada, dejándose balancear

El sol aumenta su brillo, las sábanas se marchitan volviéndose rígidas y se desintegran. Emilia, en  un segundo de suspensión en el aire mira el piso con horror y levanta su brazo izquierdo al cielo  extendiendo su mano; hay un segundo de caída, pero algo la tensa y lleva hacia arriba lentamente,  sube la mirada y ve que su mano es ahora una liana verde que se extiende sin fin. Sube viendo  alejarse la terraza con sus marchitas sábanas, en eso ve salir a su madre que se agarra la cabeza  al verlas, la llama mirando en todas direcciones hasta que la localiza en lo alto. 

Madre: (Sacudiendo su mano, amenazante) ¡Eemiiiiliaaaaaaa, cuando bajes ya vas a ver, ya vas a  ver!!, más vale que barras todo este desastre en menos de 5 minutos! 

Emilia desde lo alto la escucha y la mira, su brazo se ha convertido en liana verde. Comienza a  menstruar; un chorro de sangre coagulada cae justo en la frente de su madre quien asqueada se  mete dentro de la casa y luego gotas y mas gotas en lluvia roja impactan sobre la terraza y las  marchitas sábanas al compas del balanceo en péndulo de Emilia suspendida. Emilia suspira  aliviada y suelta toda la sangre del útero, que inunda la terraza; ve a su madre salir por la ventana  arrastrada por el rio de sangre, que se la lleva lejos. Espasmos contraen el vientre de Emilia, que  suelta por la vagina pedazos de espejos sangrientos que flotan en el aire a su alrededor, ella los  ve y se desvanece, así queda suspendida en el aire sostenida por su brazo liana, inmóvil, rodeada  de espejos que giran hasta reflejarla. 

Espejos: No te daré mil hijos. 

Por Valeria Bruno

@valebruno._