(Se abre el telón)
Sobre una mesa, aparece un escenario en miniatura de una kermes. Juegos, luces, movimiento, música y gente divirtiéndose.
Entre los arbustos lentamente comienza a aparecer un monstruo abominable, se arrastra y parece dejar una estela viscosa a su paso. El primero en verlo es el Señor Reynaldo, el calesitero. Tal susto se pega que sus gritos, comienzan a sonar como una alarma que retumba en cada rincón del predio sin dejar persona sin aviso.
La gente espantada empieza a correr, los juegos se detienen, algunos más rápido que otros. Pronto el silencio se apodera del lugar, sólo se escucha al monstruo emitir sonidos indescifrables:
MONSTRUO: obudubudubuduffffffff obudubudubudufffff.
Con su nariz tipo manguera de aspiradora de gran alcance y flexibilidad, se estiró, achicó y se dobló sorteando obstáculos con habilidad, olfateó todo a su paso. Mientras explora el lugar, se traga un algodón de azúcar que parece realmente gustarle.
A continuación encuentra más de esa misma sustancia que marcan un camino y lo llevan directamente hacia el carro que no para de producirlo. Intenta aspirarlo, pero el vidrio del carro no se lo permite, lo inspecciona olfateándolo por diferentes ángulos. Alza su nariz/trompa de manera zigzagueante, de un golpe seco logra
doblarlo a la mitad y luego se lo come entero.
Levanta su mirada a la “Rueda de la fortuna” (Juego que da vueltas en forma de círculo con sillas) que aún no había dejado de moverse. Se acerca arrastrándose, emitiendo sonidos.
MONSTRUO: obudubudubuduffffffff – obudubudubudufffff.
Su nariz manguera comienza a estirarse alcanzando lugares muy altos, doblándose y explorando cada recoveco. Intenta comerlo pero no puede, parece rígido, intenta nuevamente pero no lo logra. Se nota furioso. Su nariz/trompa comienza a moverse como hélice y a fuerza de golpes y estrujamiento consigue dejarla del tamaño de una ciruela, la come.
Se traslada destruyendo de la misma forma todo lo que encuentra a su paso, vuelan por el aire trozos de juegos que caen rápidamente al piso. Aspira como migajas lo que va quedando a su alcance.
Un oso de peluche parece no haber sido destruido y llama su atención entre los escombros. Tiene un corazón en el pecho que se prende y se apaga: OSITO DE PELUCHE: “Tequitequitequi-tequitequitequi-tequitequitequi” (repetidas veces).
El monstruo se arrastra hasta el objeto, lo mira, lo levanta, lo inspecciona, este deja de emitir sonido. (Lo acaricia, lo olfatea, lo sacude dos veces):
OSITO DE PELUCHE: ¡te quiero amigo!
(Lo vuelve a sacudir, no habla)
Lo sacude efusivamente y al parar se escucha
OSITO DE PEUCHE: ¡Te quiero amigo!
(Lo vuelve a sacudir y ya no emite sonido, lo revolea de un lado a otro sin soltarlo, esperando sonido. Silencio. Lo mira fijo y lo aspira)
El monstruo no logra tragarse el peluche en su totalidad, dejando una pata del muñeco a la vista. Trata de expulsarlo agitando su cabeza hacia adelante, pero se encuentra trabado.
Su cuerpo comienza a doblarse, arrastrarse, girar en el lugar, saltar. Sus ojos entran y salen. Queda en el piso acostado casi inmóvil, de vez en cuando hace pequeños movimientos acompañados de sonidos, su respiración se aquieta paulatinamente.
Va tomando un color violeta opaco y sus colores comienzan a desaparecer. Detrás de una piedra, unos ojos curiosos con anteojos de exagerado aumento se asoman. Al ver a la criatura con muy poco movimiento, decide acercarse. Es la Sra. Papacota.
SRA PAPACOTA: ¿Hay alguien ahí? ¡¡Ayuda!! Parece que está muriendo, ha cambiado de color y ya casi ni se mueve. ¿Alguien me escucha? ¿Todo el mundo se ha ido? Es que con mi maldita pierna no he podido trasladarme mucho, hace años que esta no funciona como debería.
(Se golpea levemente con su bastón en el pie).
Se traslada caminando muy despacio hasta acercarse a 1 metro de la criatura. Estira su bastón, toca al monstruo dándole pequeños pinchazos, éste hace un
sonido muy leve, lo toca varias veces, por momentos parece mostrar cosquilleos en determinadas zonas que la abuela insiste en tocar. Se siente segura, se acerca más y ve la pata de oso de peluche.
SRA PAPACOTA: Creo haber encontrado el problema (Pausa) Pero… ¿Esto no es el premio mayor del juego de emboque? Yo lo quería para mi nieta, pero aquel chiquito mal aprendido, el que no dejaba de pelear a sus hermanos y luego llorar, no paró de comprar fichitas hasta conseguirlo. En fin…a ver si es esto lo que estorba.
La vieja intenta por distintos costados colocar el bastón. Lo pincha, se estruje el monstruo; le pincha un ojo y queda parpadeándolo. En uno de esos intentos, logra expulsar al peluche gigante que sale disparado.
(Se escucha la grabación: “Tequi- Tequi- ¡Te quiero amigo!)
El monstruo comienza a recuperar el color, comienza a respirar y contento y como agradecimiento, se la comió.
El monstruo comienza a trasladarse cuando de repente su panza queda transversalmente cortada: Es la vieja que con el bastón tajea a la abominable criatura que muere al instante.
Envuelta en una sustancia viscosa y pegajosa sale la abuela, mira al monstruo que se encuentra abatido en el suelo, saca un pañuelo del bolsillo: está muy blanco, parece recién lavado. Lo sacude, se limpia los anteojos y camina a paso lento mientras la luz se va apagando lentamente.
FIN.