EL MUNDO, EL TODO, EL YO.

El planeta Tierra de medio lado. Recostado en este, un hombre, adherido a su superficie. Estrellas por doquier y serranías que rodean al hombre.

Hombre: – Yo soy vos, vos sos yo.

El planeta empieza a girar y el hombre queda de modo vertical a un posible abajo. Pero sigue adherido. Las estrellas titilan muy fuertemente. Dialogan con el hombre. Números y fórmulas empiezan a sobrevolar el ambiente, pasan por aquí y allá.

BAILE EN FLUORESCENTES.

Una puerta antigua, se oye una música folclórica, se abren sus hojas y se ve a una abuela en una mesita.

Abuela: – Adéntrese nomás. 30 pesos.

La puerta camina hacia adelante agigantándose hasta desaparecer. Hay detrás un gran baile de pueblo. Un escenario, una orquesta chamamecera y parejas de viejos bailan y bailan. Las luces fluorescentes colgando del techo se encienden. Las parejas ahora flotan bailando en los aires.

EL MUNDO, EL TODO, EL YO.

Los números matemáticos están ahora reunidos debatiendo entre sí mientras el hombre contempla el Universo.

Nro 1: – El mundo se explica mediante el problema de… Nro 3,14: – Pitágoras.

Nro 1: – Exacto.

Nro 518 x 320 / 7,1 : – Nou, nou, not, nein. De este moudou se expleins de wourld.

Rocas se desprenden abruptamente de las serranías planetarias y golpean al Nro. 518… Súbitamente, se abre el Planeta Tierra al medio y el hombre sale despedido cual cohete y queda vagando por el cosmos. Todo se vuelve naranja brillante, enceguecedor. Múltiples colores salen disparados del centro del Planeta y empiezan a

atravesar el cosmos; se transforman en un puente gigantesco multicolor. Por este, andan y cruzan de un lado a otro distintos autos-canoas conducidos por orquídeas. El hombre apoya su quijada sobre la columna central del puente y mira. Una orquídea detiene su auto-canoa y lo observa.

Orquídea: – Entendemos de saberes antiguos. O creemos entenderlo. Pero la cuestión central pasa por la perennidad de las cosas. Y su mutación.

Bocinazos suenan por doquier interrumpiendo la conversación. Orquídea: – Sigo antes que acabe el tiempo.

Hombre: – ¿Pero…?

Orquídea: – Sin peros hombrecito.

Orquídea Otra: (que se detuvo a su lado) – Oiga ¿va a quedarse ahí mirando? Y usted

¿avanza o no? Tu te marchitas, yo me marchito, ella se marchita.

Una marcha coral orquideana empieza a retumbar en el puente y luego en el cosmos todo. Mientras cantan, las orquídeas empiezan a marchitarse y el puente se cierra sobre sí mismo, aplastándolas. El hombre se aleja.

LOS GARCIA´S SOLDIERS

Calle cosmopolita. Suenan redoblantes al ritmo de marcha militar. El mismo hombre camina ahora entre la gente, acompañado de una niña. Todo es jolgorio y efervescencia. Entre tanto, se acerca el redoblar de tambores: un séquito de tambores vienen saltando y redoblándose por la calle. Se aplastan, machucan, plastiquean cual gelatina y siguen. Se miran, saltan y ejecutan una coreografía con suma precisión.

Detrás, los sigue un séquito de Altos Mandos Militares. Son seis: llevan sus trajes impolutos, llenos de medallas y honores, su rostros son pálidos, festivos y feroces, y mientras marchan con suma precisión y rectitud y en un hexágono perfecto, cantan.

Altos Mandos Militares: – “Todos sabemos que fue un verano descalzo y rubio, que arrastraba entre los pies, gotas claras de mar oscuro”

Hombre: – Vámonos.

Niña: – No, vení.

La niña y el hombre se meten dentro del séquito hexagonal militar y miran a los rostros a los Altos Mandos. Estos no los miran. La niña y el hombre empiezan a bailar dentro y entre ellos.

La calle se levanta y se separa del resto de la urbanidad; el hombre, la niña, los

tambores redoblantes y el séquito militar quedan sobre el pedazo de calle en alto. Siguen sus danzas y al llegar a lo alto, cercano al límite entre atmósfera y espacio exterior, detienen su marcha. Quedan tiesos. Duros. A excepción del hombre y la niña; esta última empieza a transformarse. Su rostro adquiere formas geométricas. Todo es plano y lineal en ella. Su brazos y pies ahora son triangulos y circulos.

Hombre: – Pequeñita, hey, volvé.

Niña Geométrica: – No, ya no. A esto nos convertimos en determinado tiempo. Hombre: – Pero esperábamos el cielo.

Niña Geométrica: – No hay más cielo en la Tierra ni galaxias en el núcleo ni repollos en la huerta. Solo tiempos. Y padres y madres que recrean.

Altos Mandos Militares: – Señor, abrace el pecho.

El hombre se abraza a la Niña Geométrica pero no tiene de donde agarrarse: sus líneas geométricas son líquidas. Los seis Altos Mandos se vuelven enormes hasta convertirse en cohete espacial, bomba atómica, jet, carabina con flor, cactus y cordero. El hombre se mira a sí mismo y a estos… Su pecho empieza a abrirse, lentamente, intenta detener esto, no puede. En una secuencia que sucede veloz, el cohete se dispara a su pecho; el jet sobrevuela dando giros sobre su cabeza, dejando caer misiles de azúcar; el cactus se coloca debajo de sus pies; la carabina apunta a su pecho y dispara. La flor sale ejecutada con gran potencia y se introduce en su pecho. Empieza a crecer allí dentro. El hombre ve como crece y mira a su alrededor. La Niña Geométrica está enfrente suyo mirándolo y con su mano izquierda tiene al cordero enlazado, cual mascota.

Hombre: – Me voy… Me voy.

Niña Geométrica: – Y así debe ser. Pues nos enlazamos a los mundos y trocamos. Hombre: – ¿En qué?

Niña Geométrica: – ¿Mejor saberlo? Señor, tenga usted calma… Y paciencia.

La bomba atómica estalla.

EL MUNDO, EL TODO, EL YO.

El hombre cae abruptamente. La Niña con el Cordero lo despide. Desciende a toda velocidad, atravesando las nubes, tormentas, haces de la luz solar, estrellas y luna. El cohete se desprende de su pecho, el jet ha quedado en la atmósfera, el cactus se fusiona con sus pies y piernas, y la flor ha tomado su pecho. Estelas de colores fríos se desprenden de su cuerpo. Al llegar a la superficie terrestre, el hombre cae dentro del Planeta Tierra, que se mantenía de medio lado, con su costado oscuro y su otro

luminoso, y desaparece dentro.

El Planeta late. Reverberan en su superficie granjas, industrias, grandes estadios y soldaditos de plomo, las sierras desaparecen.

El Planeta gira y la Niña, desde lo alto, lo ilumina entero. Una pareja de ancianos baila un chamamé en la cumbre de una fábrica.

FIN.