La lluvia asoma por la ventana de un cuarto en penumbras, lleno de  libros y de papeles escritos, dibujos revueltos en desorden sabio.  Refugio tormentoso y desobediente. Ruidos de alguien subiendo  una escalera, de la que baja un reguero de sangre. Negros pájaros  queman la flor en los cabellos de la solitaria. 

Alejandra acostada en su cama de blancas sábanas llena de negros  sueños, duerme como sus escritos desordenados. Un tormento la  sobresaltada y se incorpora con la mirada ausente. 

Alejandra: Ya comprendo la verdad 

Estalla en mis deseos 

En mis desdichas 

En mis delirios 

Ya comprendo la verdad 

Sobre el escritorio la máquina de escribir tipea suavemente las palabras. El sonido es su única compañía. Alejandra intenta nuevamente esperar durmiendo sus impacientes verdades, pero los  diamantes pegados a la ventana la distraen.  

Alejandra: Pudiera ser tan feliz esta noche! 

Pero hay algo que rompe mi piel, 

Una furia ciega 

Que corre por mis venas 

Para que tanta vida? 

Mira el silencio de su máquina de escribir. Una luz desde la ventana  proyecta sombras en las paredes, en la cama, en su piel, en sus ojos.  Sus pasos fantasmagóricos buscan acariciar los recuerdos mientras  desaparecen. 

Alejandra: comienza a escribir en la pared. 

Partir 

En cuerpo y alma 

Partir 

Partir 

Deshacerme de las miradas 

No más inercia 

No más sangre anonadada 

No más formar fila para morir. 

La máquina comienza a tipear. Su única compañera en esta noche  mortuoria. Como una autómata va hacia el teléfono que esta  

descolgado, lo toma con sus dos manos y susurra como si alguien la  escuchara

Alejandra: la muerte se muere de risa pero la vida 

Se muere de llanto pero la muerte pero la vida 

Pero nada nada nada. 

Toma de su mesa de luz un frasco y traga lentamente su contenido  disfrutando del pasaje del líquido por su garganta reseca de vida. 

Alejandra: Alejandra Alejandra 

Debajo estoy yo 

Alejandra 

La lluvia se hace copiosa y los diamantes estallan en el vidrio, un  viento fuerte abre de par en par la ventana; las cortinas blancas  vuelan tocando sus pálidas mejillas . Se recuesta en el suelo mirando  sin mirar hacia afuera, sintiendo sin sentir la noche fría. 

Alejandra: No me entregues, 

Tristísima medianoche, 

Al impuro mediodía blanco. 

Su máquina de escribir comienza a tipear ininterrumpidamente  letra por letra, y lentamente comienzan a aparecer las letras que van  formando palabras en las paredes, en la cama, en el suelo. Cuando veo los ojos 

Que tengo en los míos tatuados 

Alejandra mientras va mirando las letras, las palabras, las frases, se  recuesta en el piso con la respiración cansada. La penumbra del  cuarto se va cerrando mientras su cuerpo se va coloreando de azul,  un azul sombrío; y las palabras brotan de su cuerpo perezosamente  inerte. 

Alejandra Alejandra 

Debajo estoy yo 

Alejandra 

La luz azul se va afinando hasta el oscuro.