Algo se mueve en mi bolsillo, me preocupa, me inquieta, me distrae de  la clase. 

– Huy! Hay!, que molesto! (apenas murmuro) 

Si se sigue moviendo Así… ¡todos van a notarlo! 

– Quieto, quieto. (susurro) 

Trato de calmarlo desde el exterior de mi bolsillo, pero insiste.  Debo tomar una acción mas violenta porque sino todos notarán que… Ingreso decididamente la mano en mi bolsillo dispuesta a acogotarlo como  sea, pero como si él supiera de antemano mi venganza, zas! Me muerde! Yo estoy en clase! Así que contengo la reacción a mi dolor, Cómo gritaría! Quito la mano inmediatamente y siento un fuerte ardor, entonces la miro  y me enfrento a la evidencia. Quedo estupefacta al notar que la huella de  la mordida es idéntica a la mía, y es que yo reconozco perfectamente mi  dentadura. 

En la huella de cada diente empiezo a descubrir pequeños detalles.  Para entonces en la clase en que estaba solo quedó mi presencia física.  Aparecieron imágenes vívidas de mi pasado, y es que en la marca de cada  diente hundida en mi mano por aquella mordida, empecé a visualizarme  de pequeña. Y en cada diente pude verme en distintas etapas de mi vida,  de bebé, en el jardín, los seres queridos, mis quince, las amigas del se cundario, las travesuras, el primer novio… huy así, continuaba el recorrido  como un rosario de recuerdos fotográficos, pero cada foto en movimiento  con sonidos enfrascados del pasado.  

Murmullos, risas, voces conocidas etc.  Las últimas huellas empezaron a ablandarse y se desdibujaban y desapa recían, allí me di cuenta que todavía quedaba pendiente cierta escritura… Mi bolsillo empezó a moverse mucho entonces tomé conciencia de la clase  en que estaba con incomodidad porque el monstruo reía cada vez más  fuerte, pero de pronto a mí ya no me importó.