Su postura corporal era desastrosa. La mujer caminaba desorientada y perdida en  dirección al toilette del bar. Tenía los ojos rojos como dos frutillas y su pasar destilaba  rebeldía. Las personas a su paso se apartaban comentando unos con otros, siguiéndo la con la mirada. 

Habiendo llegado al lugar deseado, ingresa a uno de los cubículos, y desesperada mente se aferra al inodoro, sintiendo como la realidad comienza a tomar otros mati ces, otros colores, otros movimientos. La mujer, siente como sus ojos y el resto de su  cuerpo se va aletargando. Siente sueño, pero no quiere dormir, siente náuseas, pero  quiere seguir tomando, quiere VOLVER a casa, pero su cuerpo es el que no responde. 

¿Dónde estás? ¡Salí! Dale ¡Te prometo que no me porto más mal! ¿Dónde estás?  Dalee ¿Por qué estoy así?  

Camina y observa ese extraño y confuso lugar: flores iguales, como… sacadas del  mismo molde, todas con ojos saltones y boca de pato. Ninguna emitía sonido, sola  observaban prestando atención en cada movimiento, en cada paso que realiza la  mujer. 

ELLA: Uh, ¡qué ganas terribles… que tengo! ¿Abuela? 

Voz- (sale de algún lugar) «cuando cagasSSSSss, vacías tu intestino y esooooo provoca  bienestar en tu cerebrooooOOOooo» 

De pronto, apareció una “súper boa”, de varios colores en la piel, pero el color que  más se destacaba era el azul. Le dio miedo, pensó que su vida estaba en peligro, su  respiración se agitó, intentó gritar pero no le salió ni media voz. El animal se le deslizó  muy cerca y le susurro al oído: “EVOLUCIÓN». La mujer salió muy lentamente de  aquel lugar. Fue en ese momento, que sintió un deseo enorme de volar, y así fue:  VOLÓ. Miró el ocaso del sol, admiró ese momento en el cual la energía del día empie za a dar paso a la energía de la noche, se sintió conmovida por tan maravilloso  espectáculo. Caminó hasta perder el equilibrio, bajó en picada, su cuerpo descendió y  empezó a rodar, los recuerdos de su vida se salían, chocaban entre sí y se rompían  como cristales. Finalmente cayó boca al piso. Sintió dolor de espaldas y piernas. Relo jeó el nuevo lugar, y vio que ahora estaba en una calle llamada “ABBEY ROAD”. Su  atención se desvió al ver un tumulto de personas, un agente de tránsito poniendo  orden. Eran cuatro hombres, uno de ellos era muy barbudo, todos eran melenudos y  portaban trajes de distintos colores. Lo insólito era que uno de ellos caminaba des calzo. La mujer se vio sin ropa y otra vez recordó que estaba desnuda, le dio vergüen za, pero al ver como estas personas no la miraban siguió caminando, hasta que vio a  un noviecito que había tenido en quinto grado. Él la mira, riendo con una carcajada  muy fuerte. Ella decide esconderse detrás de un auto, con aspecto viejo. Ve una  puerta verde, abierta. Ingresa, tres mujeres se le acercan y le dicen: 

TRES MUJERES: Hola profe, ¿corrigió los trabajos? ¿Hay tenemos clase? La mujer no  entendía el porqué de las preguntas. Sin entenderlo, salió corriendo. Corrió, hasta  cansarse. En eso ve a un hombre, su rostro le suena conocido, ahí recuerda que ese  hombre era su padre.  

Grita, pide ayuda. Pero… no… otra vez no le sale la voz, otra vez está afónica. Busca  ayuda, y ve pasar a la seño que tuvo en el jardín, era la seño Rosalía. Se le acerca y le  hace la mímica. La mujer está ida, no la escucha, camina como autómata. Se siente  confundida y es ahí que se le vuelve a aparecer la camioneta de viejo aspecto. Se sube  y no la puede controlar ya que la mujer no sabe manejar. Ve un patrullero y simula  manejar bien. El policía la mira, y la persigue, ella escapa, despista al policía y sigue  viaje, pero llega a otro nuevo lugar. Es de noche, no hay estrellas, sólo luna llena. Sale  del vehículo. Camina y la agarran… siente que la toman de atrás. Son varios hombres,  hablan en otro dialecto. Le tapan la cara. Ellos festejan. Ella siente nuevamente miedo.  Grita, pero esta vez su voz. Sale, grita y recuerda a su padre. Llora y pide ayuda, pero  nadie la escucha. La llevan entre varios, panza arriba. Los hombres cantan y la llevan  como una ofrenda. Se escuchan tambores a lo lejos y otras voces. La llevan hacia un  nuevo lugar. Los hombres cantan y cantan. Llora con angustia, se acuerda de su padre,  en la calle, tirado… Ella sigue gritando, pidiendo auxilio, ¡ayuda! 

 Los hombres siguen de festejo, la mujer se lamenta. Sólo su cabeza se mueve, el resto  del cuerpo, ni sus manos, ni el dedo meñique, ni sus piernas le responden… La mujer  siente su corazón palpitar. Decide calmarse… Su respiración comienza a normalizarse,  la mujer se relaja y siente conectarse con todo su ser, siente como todo su interior,  incluyendo sus órganos, sus venas, y la sangre comienzan a funcionar producto de su  serenidad, de su tranquilidad. De repente se hace un silencio y la mujer cae en el  interior de una pileta. Ahí nada, ve rostros, que se desprenden en el fondo, ve peces,  ve las plantas en el fondo, ve la boa nadar… pero ella ya no siente miedo… y en eso  también ve a su padre pasar, el hombre tiene cola de pez. La mujer le toca la espalda,  el hombre se da vuelta y ambos se funden en un abrazo acuático, un abrazo refres cante .Los colores empiezan a difuminarse… todo resulta difuso, las imágenes  comienzan a desaparecer hasta perderse en ese fondo parecido a un MAR. 

2. 

En una habitación de un laboratorio 

Sentado en una silla hay un hombre de avanzada edad, su figura total es de papel de  diario. Mira su cuerpo y ve las notas manuscritas que hay en sus brazos, en sus manos,  piernas, lee en voz alta, recordando todo aquello que ha escrito con el pasar de los  años. Se levanta de la silla, está desesperado y así como precipitado recorre el espacio  lentamente. De fondo se escucha el sonido del reloj, el tiempo pasa y el hombre sigue  esperando que alguien entre por esa puerta.  

Llega el momento ansiado. Es un gusanito de plumas rojas, su cabeza es una máscara  con brillos, pero sin ojos. Su ingreso es lento y pausado. El pequeño, va hacia el  sujeto y con un gesto indica hace que no lo ha conseguido. El anciano se enfurece,  escribe una fórmula en su pizarra. El hombre con cuerpo de papel escribe otras  fórmulas en su propia piel. Está exhausto… Mira su cuerpo y toma algunas partes que  están viejas y se las saca. Llora, se angustia, y grita con desesperación. La oruga se  desliza para irse, en el camino ve una pastilla tirada. Sin que el hombre se de cuenta, la  traga. Es ahí donde lo inesperado empieza a acontecer… 

Apagón. 

La parte de la escena dos ocurre con siluetas. Del lado de afuera se ve la mutación del  animal. El anciano se acobarda al ver el semejante criatura. Es una boa de dos metros  con plumas rojas. El animal le expulsa de su boca una llamarada de fuego. Se desliza,  como furiosa, quema las escamas que el viejo se ha arrancado. El viejo quiere salir. La  

boa va hacia él, desde su nueva altura le muestra su lengua y finalmente sin dudarlo,  se lo traga de un solo bocado. Escupe los huesos descuartizados y decide marcharse.  Toma envión para volar, pero su cuerpo está alterado, por los efectos de la dosis… Ve  una ventana abierta… Entonces abandona el lugar. 

La escena vuelve a la tranquilidad, hay pedazos de papel, hay humo… Los huesos del  difunto se agrupan y se integran formando una masa lÍquida de color fluorescente.  Hay mucho viento, se escuchan sonidos de aullidos que salen de la materia líquida.  Una luz ilumina la fórmula del pizarrón, y otra la masa líquida. 

 La luz se va apagando lentamente, hasta oscurecerse .