ANA PERROTA
En Londres, un pueblito de Catamarca hay un museo con reproducciones de cuadros famosos donde conviven distintos estilos y procedencias.
Cubistongo, un ser de vidrio con formas angulosas, entra a curiosear.
Se para frente al Grito de Munch observa que la tela se mueve, se contorsiona, tiene espasmos, emite sonidos. Cree entender que el personaje quiere salir del cuadro que pide ayuda.
Cubistongo mueve una de sus aristas puntiagudas y corta la tela exactamente por el borde. El personaje huye. Suena la alarma.
Cubistongo se esconde detrás de Las Meninas de Velázquez. Las niñas asustadas gritan llamando al guardia, el perro ladra.
Para evitar complicaciones Cubistongo se tira al piso y se hace añicos.
Cada fragmento se transforma en gota gelatinosa, se suman una a otra hasta constituirse en una ameba transparente. Ésta se desplaza lentamente hasta el cuadro de Dalí de los relojes blandos y se adhiere a él, allí pasa totalmente desapercibido. Mira hacia adelante y ve que el personaje del Grito de Munch le guiña un ojo, se trepa a una ventana y desaparece.