Autobiografía desde algún muerto de mi Juventud.  

“Los ojos de tus héroes te miran desde la pared” (Barón Rojo) 

En medio de un ambiente de concierto de rock, en una tarima, aparecen  unos maniquíes que están colocados con las poses típicas de músicos de  rock, con sus instrumentos. Parecen integrantes de una banda de Heavy  metal ochentera: contextura delgada, vestidos de negro, ojerosos, con  sus pelos largos, y la señal en sus rostros del licor y los excesos en la vida.  Están erguidos con actitudes confrontativas. 

En el fondo, suena la canción “Dinero, dinero” del grupo OBUS (banda  española de Heavy metal, de los años 80)”. Junto con la canción, aparece  un Joven. Catorce años, cabello corto, peinado de raya, hacia la izquierda,  engomado. 

Al principio está de pie, inmóvil, pero a medida que se va escuchando la  música empieza a mover su cuerpo con el ritmo, centrando su movimiento  en la cadera, columna y cabeza. Mientras suena la música, su cuerpo se  va transformando y liberándose.  

Se enciende la luz en todo el escenario. El joven sube a la tarima, y, ya  arriba, introduce los dedos de sus manos por todo su cabello y lo alborota.  La música sigue penetrando por su sangre y empieza a danzar como un  loco por todo el escenario, en medio de los maniquíes. De pronto, aparece  una pelirroja con cara angelical, su novia, pero no es tomada en cuenta.  Aparecen sus amigos, gomelitos (Sinónimo de cheto en Argentina) a tratar  de controlarlo. Tampoco son tomados en cuenta. Aparece una gran botella  inflable de cerveza volando por el escenario y le cae encima al muchacho.  Esta sí es tomada en cuenta. Empieza el desequilibrio de sus excesos.  Se revuelca por el suelo con la botella, hasta reventarla y sacarle todo el  aire. Mientras sigue sonando la canción en medio de guitarras eléctricas  y batería, aparece un coro mixto de esperpentos, los cuales gritan repe tidamente y sin afinación el coro que dice: 

Coro de esperpentos:  

Dinero, dinero 

En mi cabeza constante estás  

Dinero, dinero  

Compras o vendes con intereses  

-11- 

Nunca podrás cambiar  

Mi marcha, ni mi juego  

Nunca podrás cambiarme  

Nunca, nunca, podrás cambiar. 

La música acaba. El muchacho ha caído al suelo. Se levanta. Se dirige hacia  los maniquíes que tenían la forma de músicos de una banda de rock, pero  que ahora están del tamaño de un adorno de mesa. Los abraza, y en medio  del silencio aparece un mueble, que tiene juntos, adosados, en un lado un  estante para trofeos y del otro una bañera, que en la parte de atrás tiene  un enorme espejo para mirarse de cuerpo entero. En la parte superiordel  estante para trofeos, hay un letrero que dice: “fetiches protectores de un  viaje sin retorno hacia la locura de los hipercuerdos” y coloca los muñe cos rockeros de sobremesa. Si dirige hacia La bañera que está llena de  agua caliente, por lo cual el espejo se está empañando. El muchacho se  desnuda, se mete en la bañera hasta hundirse de pies a cabeza. Luego de  unos segundos bajo el agua emerge con una respiración profunda, casi  ahogándose. Cuando ha recuperado su ritmo natural, se pone una toalla,  mira el espejo lleno de vapor de agua, levanta su dedo y escribe “RIOS  REVUELTOS”, y todo comienza.