** Antes del ingreso a la sala, se le pedirá a les espectadores que en un trozo de papel anoten el nombre de ese alguien/cosa/sistema que rompió su corazón o lo desechó de su vida.
Habitación lúgubre, similar a un altillo de alguna casa antigua. Hay polvo y telas de araña. El piso de madera rechina de vez en cuando: el viento de otoño soplando afuera. Hay una pequeña ventana, es más una claraboya en el lado derecho del techo a dos aguas. Entra el sol, pero es un día con nubes espesas.
En el medio de este altillo, se encuentra un diván de terciopelo bordó, con hongos y agujeros que dejan ver la goma espuma; a su alrededor una enorme cantidad de basura: bolsas de marcas de ropa, libros, tapados de piel de zorro en un perchero de feria, un secador de pelo, corsets, medias can-can con portaligas, abanicos; hay una máquina depilatoria (las típicas de cera), cartas acumuladas en una caja de zapatillas Nike, revistas de moda, potes de gel usados, corpiños rotos con sus aros o alambres saliendo por los costados. Alhajeros, aros, collares, envaces de perfumes vacíos, cremas corporales “anti age” pero sobre todo, predominan los espejos. Espejos ovalados, pequeños, rectangulares, enormes. Marcos de madera tallado, de plásticos ochentosos. Están orientados hacia diferentes lugares.
El sol ilumina la habitación a través de la claraboya. Suena una canción; lenta y deteriorada, como si la estuviera reproduciendo un tocadiscos antiguo:
Arroz con leche, me quiero casar,
con una señorita de San Nicolás,
que sepa coser, que sepa bordar,
que sepa abrir la puerta para ir a jugar.
De a poco, desde el medio del montículo de objetos obsoletos antes detallados y el diván, aparece Marcia; una muñeca antigua de tela. Al parecer, era bailarina. Tiene medias can-can agujereadas, portaligas que no sujetan ligas, un tutú desgarrado con un corset que le faltan lentejuelas. Su cara está desteñida, el color negro de la pintura de los ojos está desparramado en las ojeras. El pelo es una maraña pero aun está la redecilla que sirve para sujetar los rodetes. En sus pies están las clásicas zapatillas de punta, rotas y desteñidas. Una de las zapatillas está atada a su pierna por dos cintas anchas de raso que en su momento fueron color rosa. La otra, está atada, pero no la tiene puesta en su pie: la arrastra.
Los potes de gel ruedan por el suelo, se escucha el ruido de objetos caer. Marcia sale, se para a la mitad del altillo. Es una muñeca con articulaciones, por lo cual, sus codos están plegados, sus
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rodillas semi flexionadas, su cadera está levemente tirada hacia delante y su mentón pegado a su pecho. Se nota que perdió la postura corporal de una bailarina.
La música sigue sonando, va variando entre diferentes canciones infantiles.
Marcia mueve sus manos de forma circular y se acaricia la cara con sus dedos tensos.
MARCIA: La sensación de ahogo desmotivada de la lengua femenina, renacerá desde el placer salvaje de la aventura discontinua. Ninfas crueles regocijadas en tempestades ensordecedoras de panes hambrientos de buen porvenir. Y sí, es así. Caótico. ¿No? Pregúntame, dale pregúntame.
Marcia camina por la habitación buscando algo; enciende y prepara la máquina depilatoria. Sigue buscando, debajo de unas bolsas encuentra revistas Cosmopolitan antiguas. Quita algunos objetos del diván y se sienta. Se acuesta de tal forma que sus piernas quedan abiertas. Abre la revista y la apoya sobre su cara.
MARCIA (Lee): ¿Cómo te ven los hombres?
Al toque de conocerte, un tipo se entera de:
a.- Cuantos hijos quisieras tener, y lo idiota que era tu ex.
b.- Lo bien que te está yendo en el trabajo y de las buenísimas vacaciones que tenes planeadas. c.- Que no vas a dejar plantada a una amiga por un novio, ni privarte de mirar a otros.
Marcia se quita la revista de la cara, se chupa el dedo con el dedo índice y marca una de las opciones. Vuelve a ponerse la revista en la cabeza.
MARCIA (Leyendo): Un bombón te lleva a un bodegón cero Fashion:
a.- Decis “Puaj…¡Qué asco! ¿Podemos ir a un lugar mejor?
b.- Vas pero antes te tomas un antiácido y a cada bocado decis: “Mm ¡Qué bueno que esta esto!” c.- Decis: “Mmm, conozco un lindo lugarcete cerca de acá”.
Marcia vuelve a repetir lo mismo de antes. Dedo, saliva, revista.
MARCIA (Leyendo): Si tuvieras que elegir de qué forma darte placer. ¿Cuál sería?
Las luces bajan, la habitación se vuelve de color rojizo. Marcia aún con la revista en la cara, se sienta en el diván con sus piernas bien abiertas. Comienza a tironear de su tutú roto. Se escuchan gemidos. Sus manos recorren sus muslos, caderas, vientre y torzo. Llega al borde del corcet y tironea hacia arriba una pequeña cinta. Un rectángulo de tela sube, dejando al descubierto su seno derecho. Comienzan a salir brazos y manos por detrás del respaldo del diván tocando los hombros de Marcia. Brazos y manos salen por debajo del sillón y tocan sus tobillos, pantorrillas y
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muslos. Otras salen desde la unión del asiento y del respaldo, tocando todo su torso, estómago y vientre. Nadie toca el seno.
Las manos y brazos se aceleran más y más. Marcia se sostiene con una mano en el respaldo y otra en el asiento. Comienza a gritar. Las manos recorren más rápido el cuerpo, arañándolo, manchándolo de rojo, rompiendo el poco tul que quedaba de su tutú.
Una mano logra tocar el seno. Todo se congela. Se escucha la respiración agitada de Marcia. La habitación se oscurece y en todos los espejos se reproduce la imagen del seno de Marcia siendo tocado. Se repite una y otra y otra vez.
La luz vuelve y vemos a Marcia con su seno tapado por una gaza con cinta. Ya no tiene la revista en su cara y se encuentra sentada en el suelo.
MARCIA: (Sonriendo) La destilación principal de la emancipación, es la constelación de las disciplinas mayores del zodiaco. A veces las acuarelas son opacas, pero la gargantilla siempre saldrá victoriosa. El recorrido más hermoso, es la ensoñación realizada añejos en los poemas contaminados de la catarsis europea.
Marcia está sentada en el suelo, la pierna que tiene la zapatilla de baile puesta se encuentra apoyada en un banquito con un pilón de cartas amarillentas. Otra vez, queda con las piernas abiertas. Está sentada al lado de la maquina depilatoria.
Muy delicadamente toma el palillo de la cera y revuelve para que esté más liquida. Marcia tararea una canción de cuna. Levanta el palillo y deja chorrear la cera otra vez dentro de la máquina. El altillo se inunda olor a cera.
Vuelve a revolver, levanta el palillo bien alto y deja caer la cera sobre su pierna. La cera cae como un hilo fino, similar al caramelo. Sale humo, hierve la cera, hierve.
Marcia mira a público y sonríe, hace dibujos con el hilo de cera sobre su pierna. Deja el palillo, toma una gaza, la apoya sobre su pierna y tira fuerte. Queda sosteniendo la gaza bien alto y respira agitada.
Vuelve a sonreír. Toma el palito, revuelve, hilo cera sobre su pierna, gaza, tira, gaza bien alto y respira agitada. Vuelve a repetir. Vuelve a repetir. En cada repetición, el ritmo se va acelerando. La pierna va tomando un color rojizo, debido a la irritación de la cera.
Pausa.
Marcia se encuentra con la tira de gaza a lo alto; la habitación comienza a oscurecerse, un sonido a trueno irrumpe la escena y por la claraboya entra una llovizna: las gotas son perlas, caen y brincan por todo el altillo.
Marcia recibe la lluvia en su cara, sus manos y su pierna herida.
Aparece la imagen de la pierna y el tironeo de la gaza en los espejos. Es repetitivo. La habitación se oscurece y solo quedan los espejos.
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MARCIA: Si tendría que encontrar la visibilidad de las puertas del olvido, cruzaría la muralla al encuentro del sagrado cáliz. Incesto rabioso colosal, desterrado de la lujuria celestial. Hijos carcelarios, hijos mal nacidos, hijos del ayer.
La lluvia cesa y el sol vuelve a la habitación. Se ve la pierna, antes constantemente depilada, fija sobre el pilón de cartas amarillentas. Está desmembrada de Marcia.
La pierna comienza a girar sobre sí misma y aparecen luces de colores creando un clima de boliche.
Suena Dancing Queen de ABBA.
Aparece Marcia subiendo, como si hubiera un ascensor, de atrás del sillón. Lleva una corona de plástico rota sobre su marañosa cabeza. Sostiene un cetro dorado y sucio. Tiene una banda que cruza en diagonal su pecho, dice “TROLA”. Su baile es feliz y desprolijo. Salta sobre su única pierna. Imita el saludo de las reinas. Encuentra un ramo de flores hechas de papel de diario y agradece.
Luego de bailar entera la canción, Marcia se vuelve a colocar la pierna y se sienta en el diván. Observa las flores de plástico. Las acaricia y las huele. Saca una del ramo. Comienza a quitar el papel en espiral del tallo.
MARCIA (Lee el papel en espiral): El disfrute: Nosotros, nos encontramos en los disfrutes: Tu piel aterciopelada, los sabores en el paladar, la lujuria del alcohol, diapositivas traslucidas, novelas melodramáticas, la unión de notas musicales, descubrir los lugares más extraños en el mundo y el cielo inundado de estrellas a orillas del lago… el disfrute. Todas, pero TODAS, no incluyen palabras ¿No es hermoso haberte encontrado ahí?
Marcia levanta su rostro, de su bolsillo extrae perlas y las tira al mismo tiempo que grita. Busca en el perchero de feria y encuentra una caja.
Es una caja pequeña que en uno de sus vértices tiene pintado un corazón humano. Apoya la caja en el centro del altillo, la claraboya ilumina la caja.
Marcia tira la rosa dentro de la caja.
MARCIA: Adiós, mi amor de rizos cobrizos. Ojalá el tiempo castigue tu maldad.
MARCIA toma otra rosa y lee. (Cada rosa contiene el papel que se le pidió a les espectadores antes de ingresar a la sala).
MARCIA: (Nombre) destructor de sueños, amor irracional, vuelve a tu infierno. (Tira la rosa en la caja)
MARCIA: (Nombre) ninfa aborrecida de sentimientos catárticos, libera tu maldad y sumérgete en la insatisfactoria vida surrealista. (Tira la rosa)
MARCIA: (Nombre), (Nombre), (Nombre), (Nombre), (Nombre), (Nombre), (Nombre); Adiós y no regresen, denle libertad a mi alma.
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Una vez finalizado la lectura de papeles, cierra la caja de madera. Le da un beso en la tapa. La toma con sus dos manos y extiende sus brazos.
Pausa.
Marcia camina hacia la máquina depilatoria y sumerge la caja en la cera ardiente.
MARCIA: Arde, arde mi lujuria. Arde mi sol de esperanza. Arde la ilusión farsante. Te destierro de mi corazón de roble, te destierro de mi cuerpo de tela. Adiós amor, sistema, construcción de normas inservibles. Aborrezco tu presencia. Sin embargo, sonrío por tu lección.
Hoy, elijo no ser desechada. Hoy elijo pararme y rellenar mis brazos de tela con sangre ardiente. Late fuerte mi corazón carnal, late fuerte mi libertad.
Marcia comienza a bailar danza clásica. Sus brazos y sus piernas, ya no responden a los de una muñeca: cobran la energía de una bailarina, cobran la energía de una mujer. Las luces se van apagando y los espejos reflejan la caja ardiendo. Se ve la silueta de Marcia bailando.
Se apagan uno por uno los espejos.
Apagón.