Rodrigo Marcó del Pont

Jana es doble. Tiene dos cabezas: una humana y otra no tanto. Dos cuerpos en un mismo cuerpo, uno humano y otro no tanto. Dos panzas embarazadas. Las dos no tanto. Usa pañuelo verde y pañuelo celeste. Jana es diputada, está sobre una plataforma que es su estrado. Desde allí girará hacia un lado y otro de un espacio vacío, circular, hablando a los espectadores como si fueran otros diputados, para convencerlos con sus argumentos para que voten a favor y en contra de la ley que se discute: la de interrupción voluntaria del embarazo. ¿Jana es bifronte? ¿Siamesa? ¿Dos en uno? ¿Indecisa? Sí, pero sobre todo, Jana es bipolar.

Jana 1: Señor presidente, señores diputados.

Jana 2: Señor presidente, señores diputados.

Jana 1: Voy al grano.

Jana 2: Voy al grano copiona, perdón.

Jana 1: El aborto es necesario, deseable, obligatorio y debe ser gratuito.

Jana 2: Como les decía es un crimen contra la humanidad, un genocidio.

Jana 1: Callate, pacata, chupacirios, medieval, perdón. Decía, señor presidente, que son
muchas las mujeres que mueren cada día por el aborto…

Jana 2: Y por eso voy a votar en contra de la ley.

Jana 1: Pero qué contradicción, que infamia, qué sanguijuela, perdón, y son muertes
evitables.

Jana 2: Muertes evitables son las dos, estoy, señor presidente, señores diputados abortos
de la naturaleza, perdón, estoy por las dos vidas, pro vida.

Jana 1: Pro vida y luego pro muerte, hipócrita desdentada, mentirosa contumaz,
embaucadora falaz, perdón, señor presidente, señores diputados, esto es una cuestión de
salud pública, el Estado debe estar presente acompañando a las mujeres que decidamos
abortar.

Jana 2: Ojalá mamá te/me/nos hubiera abortado por Dios y la Virgen Sacrosanta, las cosas
que me hacés decir, asesina de fetos con derechos, con ese dinero podemos prevenir,
podemos cuidar, podemos alimentar, podemos encarrilar, podemos educar.

Jana 1: La mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, derecho al placer, abajo el
patriarcado, abajo el control social sobre nuestras cuerpas.

Se saca de un tirón sus vestimentas, queda desnuda, con graffitis sobre su cuerpo. «Papa Perro», «Mi cuerpo es mío», «Ni una menos», «Pussy Power». Abre los pechos y de uno sale una cascada de flores que cantan a coro la «marea feminista», de Natalia Oreiro, en versión de cumbia. Cantan dulce y bajito, como cantan las flores, un poco susurrando, un poco con viento, un poco con el polen que danza, un poco con las corolas y los pistilos entusiasmados. «Cómo libera la marea feminista, cómo libera la marea antimachista, cómo libera la marea del deseo, cómo libera la marea del Ni Una Menos. Y me libera, me libera la marea y me empodera, me empodera, la marea y nos mareamos, nos mareamos, nos mareamos, para que el mundo que queremos sea ya».^1 Del otro sale una inmensa bandera verde que va desplegando con un brazo que se hace cada vez más y más largo, hasta llegar casi a tocar a los espectadores y espectadoras y espectadorxs. La bandera cuando sale también canta. Su voz crece a medida que se extiende y se agiganta. Es una voz profunda, poderosa, que viene de las entrañas. «Aborto legal, en el hospital. A la Iglesia católica, apostólica y romana, que pretende meterse en nuestras camas le decimos que se nos da la gana de ser putas, travestis y lesbianas». Jana 2 está horrorizada, palidece, está a punto de desmayar con el show provocador y performático de su otra yo. Se saca el pañuelo celeste de la cabeza y amordaza a Jana 1 que lucha para impedírselo. Al ver a la otra desnuda y con consignas tan a flor de piel se quita sus propias vestimentas para cubrir las vergüenzas de la otra. Se aterra al verse también desnuda y en pleno Congreso de la Nación. Con una mano cubre su pecho, con la otra cubre sus partes pudendas y pudorosas. Dice sollozando:

Jana 2: Señor presidente, señores diputados, disculpen/me/la. Disculpen/me/la. En el
fondo no es/soy mala. Es/soy así de chiquita. Siempre dando la nota, llamando la atención.
Todo es debido a que su/mi madre abortó antes de tener/me/nos. (se va enfervorizando) Sí,
abortó, señores, mató a un o una inocente, fue como los nazis señores, como en los
totalitarismos, al menos en los campos de concentración los dábamos como perritos, los
regalaban como hacemos con nuestras perras cuando paren, pero no los matábamos, son
niños, niños con derechos, con derechos humanos, con derechos humanos y humanos, con
DNI, niños a quienes hay que enterrar en cementerios si mueren, como cada niño que Dios
nos manda, señores, y hay que aceptarlos como Dios los manda, cuando los manda, y a
quien los manda. (Más enfervorizada) Ni los marsupiales abortan, señor presidente,
señores diputados. Si sus madres hubieran abortado hoy ustedes no estarían, no
estaríamos aquí.
Abre sus pechos y chorrean litros y litros de leche. La leche dice cuando sale: “la leche es fuerza, amor, calor, es calcio, vitaminas, proteínas, chicos, a tomar la leche, la serenísima, leches la serenísima, calidad de vida, pro vida, la serenísima, que te hace mejor, mejor y mejor, la calidad, leches la serenísima, calidad de vida. Sin Tacc. “Es una voz líquida, derramada, una voz a borbotones, dicha por la misma Jana 2, que retoma su intervención.
Disculpen el chivo pero es uno de nuestros auspiciantes y patrocinadores, con los sueldos
de hambre que tenemos no alcanza ni para los accesorios.

Vuelve a tapar sus pechos. Sin dejar de taparse «ahí» abre su panza postiza y saca un bebito de cerámica. Grita, como poseída

(^1) «La Marea feminista». Versión de Natalia Oreiro sobre una canción de Gilda.

Jana 2: Y ahora, señores diputados: La voz del mismísimo Niño por Nacer que nos deleitará
con un hermoso poema de ruego a su madre biológica.

El bebito habla con la voz de la madre que lo manipula como un títere, amplificándola con un micrófono de vincha que también se pone, para hacer oír una voz tan diminuta :

Voz del Bebito (dicha por Jana 2) : «YO TE AMO MAMÁ (COMO NADIE LO HARÁ)/Indefensos
silencios que callan/adentro del castillo hecho panza/Vulnerables ojitos que no ven/la
tormenta que le aproximan a su piel.// Sonrisa muda de alegría/pese a sentir que en breve
se le irá su vida./ Manito tibia llena de amor/que no se abrirá al sol y con dolor.// Mejillas
suaves hechas para besar/no conocerán los labios de su mamá./Esperará con tristeza su
muerte/sin entender porque le corre esa suerte.// Tanto amor y deseos de abrazar/serán
mutilados y en sangre se ahogarán.// Te amo mami no me dejes,/es mi amor el que quiero
que te llene.// Quiero beber de tu pecho la vida/y no entiendo quien te dice que no es mía.//
Te amo, te necesito, yo te adoro,/y me entregan a la muerte aunque lloro./Quiero que sepas
que soy tu hijo,/ese mismo, que sin saberlo, tu corazón bendijo.//Ámame, abrázame, ya me
muero,/y mi vida se la llevan sin un duelo./Mi mamá no me mimará,/aunque yo la amaré en
su eternidad.// Te amo mami aunque no me veas,/mi vida seguirá con la tuya aunque no
creas.// Te amo mamá. Tu hijito por siempre.»^2

Mientras Jana 2 dice el texto del bebito, Jana 1 se saca la mordaza y vomita pequeñas constituciones, códigos civiles y penales, tratados internacionales diminutos, hojas de otoño y caracoles babosos que se arrugan, se mojan, casi se ahogan en la leche derramada. Las flores luchan por no ahogarse. La inmensa bandera verde también está en el charco de leche, flores, tratados, hojas de otoño y caracoles. Junto con la prótesis que la sostenía. Cuando Jana 2 dice: «Tu hijito por siempre» el bebito cerámico se le resbala de los dedos y se rompe en mil pedazos. Silencio. Pausa dramática. Jana 2 mira el bebé despedazado, que continúa diciendo pedazos del poema, ya casi inentendibles. «tm»»mqn»»mv». Mira a Jana 1, le quiere hacer comer una de las constituciones. Jana 1 se defiende. Su panza se abre y no hay nada.Jana 1 trata de ahorcar a Jana 2 con la bandera verde. Jana 2 reza todos los rezos que sabe, amenaza con el infierno eterno, grita que va a romper, que va a romper. Jana 2 agarra de los pelos a Jana 1, las dos bajan a los tumbos de la plataforma, en una lucha campal y cuerpo a cuerpo. La máscara, las panzas, los brazos, se deshacen y despedazan en la pelea. Las dos, que son una, intentan matarse una a otra o suicidarse, según se mire. Son como Doctor Jeckyll y Mister Hyde en el momento final. El lodo de leche, flores y caracoles canta plof, plof, plaf, pluf. Suena el crujido de los caracoles cuando mueren. Hace un fondo sonoro para la pelea violenta de las mujeres que se siguen insultando mientras intentan matarse. «Totalitaria», «Libertina», «Asesina», «Asesina», «Genocida», «Retrógrada», «Desesperanzada», «Inquisidora», “Inmoral», «Vespertina», «Turuleca». Y así adejtivamente. Las dos o una que es dos muere(n). Se escucha en off la voz de un hombre, el presidente de la Cámara de Diputados: «Gracias señora diputada, tiene la palabra el diputado Menguelito».

(^2) Poema del senador Esteban José Bullrich, difundido por las redes sociales.