En una plaza una anciana de lana teje un par de manos, éstas 4 producen el doble. De la urdimbre surgen brazos, cuello, cabeza, senos, ombligo, caderas y piernas de otra anciana de lana.

Se abrazan, continúan la labor.

Las tejedoras tienden el paño, dando paso a un carnaval de mochilas, medias, guantes, ruanas y de animalitos de lana. Una paloma que mira, se saborea, se sueña a sí misma tejiéndose toneladas de maíz, nadando entre granitos amarillos, rojos, morados, cafés y blancos.

Un niño paleontólogo compra un tiranosaurio pagándoles con llanto.

Un perro moviendo su cola paga una capa para el frio

La paloma se acerca, espera un descuido y se lleva la canasta de las lanas.

Las abuelas de lana no saben volar.

El ave aterriza sobre la estatua de la plaza, allí teje otras alas imitando a la abuela y una llovizna de maíces empieza a caer.

¡La paloma se zambulle en el pequeño banquete, grita No es suficiente!!

Las alas tejedoras se mueven desenfrenadamente

¡¡No es suficiente!!

Las alas continúan la labor.

¡¡¡No es suficiente!!!

Las alas tejedoras dejan caer el canasto vacío.

¡La paloma lo llena de bufandas, mochilas, dinosaurios: Esto servirá!

¡¡No es suficiente!!

Otra y otra expedición por material.

¡No más! Dice la abuela de lana. Muestra cómo desteje su parche para tejer maíz. Maíces más grandes, exquisitos, muchos.

La otra abuela de lana intenta detenerla

¡¡¡No lo hagas!!! Ella continúa

La paloma la lleva al canasto silla para volar hasta la estatua La abuela se teje las alas a la espalda

La otra anciana desteje lo que le queda y se cose unas alas

Ahora con las abuelas palomas las que se tragan el maíz, se zambullen en él.

FIN