Obra breve para intérprete y objetos.
Se escucha un latir. Él tiene caras adentro. Un sonido gutural nace del interior.
El- Manta. Tú. Mi derecho. Mi disfrute… antes o después lo habrás de co nocer. Maestro. Tuyo. Este es mi reino. Debajo el horno quemará placentas con caras de niño muerto. Me comeré los clavos del Cristo después. Lo sabido. Ahora, éstas son manos de padre, protectoras. Tuyo. No saldrás de mi deseo. No hay nada que ver. ¡Dureza! Éramos pobres. ¡Valores! Y los golpes. ¡Diligencia! Ahí vienen los perros, gruñen arrastrando el hocico sobre el suelo. Ellos escuchan. ¿Qué huelen? Nadie ve mi disfrute, nadie ve nada… los perros son solo eso. Yo soy un buen marido. Tu buen padre. Parirás mis hijos. ¡A mi fuerza! No puedo evitarlo. Lo que sangres lo beberé sobre tu madre y nuestros hijos. Yo, el que quiere estar dentro de tu dentro. Este es mi reino. ¡Ábrete ahora! ¡A mi fuerza!
Las caras se comprimen y se retuercen estirando la piel para salir. El susurro de las voces encerradas, amenaza la oscuridad que las apresa. Nada sosiega el impulso de pujar hacia el claro y desgarrar la carne que lo nubla. La explosión es inminente.
Luz- Madre… ¿Por qué no vemos?
Manta- No hay nada que ver.
Luz- ¿Eso… son agujas que cambian el tiempo? ¿Son los cascos de un caballo al trote?
Serena- No podemos saberlo.
Luz- ¿Tú lo sabes?
Serena- Nunca hemos visto esas cosas.
Manta- Quizás sí. Hay algunos sonidos parecidos aquí dentro. Luz- Nuestros huesos, chocando en la oscuridad.
Serena- Pero no es constante. No como este sonido.
Luz- ¿Serán sus huesos entonces?
Serena- No, no lo son.
Luz- ¿Cómo lo sabes?
Manta- Es su corazón, pequeña. Y ya no suena como antes. Serena- ¿Es un viejo? ¿Ha envejecido?
Luz- ¿Qué forma tiene por fuera, cómo es?
Serena- Está gastado.
Luz- ¿Es húmedo?
Manta- Húmedo… borrado, su cara se ancla entre espasmos, el soplo en cenizado… y la grasa que deja al irse. Nunca lo vi… no quiero verlo. (Pausa) Ahora. Empujaremos ahora para salir y pronto hará silencio. Luz- ¿Afuera será blanco? ¿Habrá aire?
Manta- Sí, solo hace falta empujar un poco para agrietar sus estrías, donde la luz es más posible. Empujemos ahora.
Luz- ¿Podremos vernos fuera?
Manta- Podremos, pequeña.
Serena- Empujemos ahora.
Luz- ¡Sangro Madre!
Serena- ¡Y yo!
Manta- Déjanos salir ahora. Tu carne nos unta de olores grumosos. ¡Déjanos salir ya! Nos obligas a coagular contigo y te pudres. Te estás pudriendo. Cae tu carne salada sobre nuestros ojos. Seguiremos empujando. Ahora. No comeremos de ti. Déjanos ir. Si hay algo que puedas amar, ámalo ahora. Serena- ¡Madre!
Manta- No te asustes Serena. Ya casi no se escuchan los cascos de tu caba llo. Se nos permite odiarlo. Podemos rajar su piel para ver nuestras caras. Veremos un claro, veremos más que lo que concede cuando lo dobla el
dolor. Salvaré mi vida y las que te has guardado durante años. Luz- Madre… ¿Eso, es el aire?
Manta- Es el aire blanco, amor mío.
Luz- ¿Nos dará sueño?
Manta- Sólo si dejamos de respirar. Empuja ahora pequeña. Empuja.
Cientos de hilos de luz rajan desgarrando el cuerpo de él, desde dentro. Destello. Todo es blanco. Él, deja de latir.