MI ABUELITA O EL FUTURO

Nicolás Acosta

Estamos dentro de una casa de un sólo ambiente. Tiene una gran mesa en el centro, rectangular y de madera. Hay una silla mecedora. Alrededor de la mesa están los electrodomésticos típicos: Heladera, cocina, hay una sobremesada de mármol larga que ocupa una de las paredes, tiene sobre ella un juego de alacenas que combina con el estilo de la mesa. En una de las paredes está la puerta, de metal y hierro, con formas arabescas. En otra de las paredes hay cuadros de distintos motivos y colores, sin fotos. En la última pared, tiene una ventana, por sobre la mesada de la pileta, donde se ve un campo que llega hasta una arboleda a unos kilómetros de distancia. En la silla, está la Abuela, teje al crochet con una maestría impecable. Canta susurrando “Amor de la Salada”, tiene el pelo teñido de platinado, algo ya descolorido. Sobre la mesa está la Muñeca con un vestido azul, raído, está descalza, tiene el pelo largo, pero con flequillo.

ABUELA: Hace un largo tiempo, te noto distinto. Hace ya bastante que no sos el mismo. Pinta de farsante, yo caí en tu juego. Lindo pero falso, como chino negro. No voy a negarte que te amo, pero sucio me has jugado, me pintaste amor del bueno y te creí.

MUÑECA y ABUELA: Me cambiaste la jugada, tu amor era de la Salada. Yo sé que la etiqueta estaba, pero no era original. Me cambiaste la jugada, tu amor era de la Salada. Te pregunté si se achicaba y ya no se puede cambiar. Tu amor no era original, ya no se puede cambiar…

Tocan la puerta.

ABUELA: ¡El nene, llegó el nene! ¡Abrile!

MUÑECA: Hola, Señor Augusto. Pase usted.

Augusto entra. Es un joven de unos 25 años. Tiene un traje de una sola pieza, de color azul, gris y negro. Parece que de sus mangas salen cables y en los hombros tiene unas ventosas. Tiene el pelo peinado tan prolijo, que cuesta entender si es pelo de verdad o un casco. Lleva varias condecoraciones en la parte izquierda de su pecho.

AUGUSTO: ¿Estaban… cantando?

ABUELA: Mi nene, pasá, pasá. Te estaba tejiendo una bufanda. Mirá que bonita. Pero que pinta que tenés. ¡Qué pinta que tiene! ¿No te casarías con él, Muñeca?

MUÑECA: ¡Si me lo pide, me caso!

AUGUSTO: Abuela, por favor… Permiso.

ABUELA: Qué permiso, ni permiso. Mi casa es tu casa. Sentate, ¿Café, té, mate?

AUGUSTO: Nada, nada. Estoy…

ABUELA: Hacenos un café, nena, dale ¿Tenés otra condecoración, Augustito?

AUGUSTO: ¿Otra condecoración…? Ah, puede ser.

ABUELA: Esto hay que festejarlo. Hay que festejarlo, nena. Echanos cogñac en el café.

AUGUSTO: Cognac…No vengo con mucho tiempo, abue. No pensaba venir ahora que lo pienso.

ABUELA: ¿Estás trabajando mucho, no? Tenés unas ojeras, querido. Hay que visitar la familia, porque como decía tu abuelo “con la familia no se puede, sin la familia no somos nadie”.

AUGUSTO: ¿Decía eso? No estoy durmiendo mucho, bah, cuando duermo también trabajo, así que…

ABUELA: Como decía tu abuelo “El sacrificio nos dará el pan”. Dios lo tenga en la gloria.

AUGUSTO: Hablando del abuelo… Tenemos que hablar de la pensión vitalicia.

ABUELA: ¿Qué? ¿Se viene otro aumento? Decime que sí, porque todo está cada vez más caro. Ya le estoy dando un aceite de segunda a Muñeca. Es un peligro, tengo miedo…

AUGUSTO: Abuela, necesito que rescindas la pensión.

MUÑECA: ¿Cómo? ¿Otra vez con lo mismo?

AUGUSTO: ¿Otra vez?

ABUELA: ¿Ves qué no funciona bien? Callate, Muñeca. Te di un techo, te alimenté, te pagué los estudios y ahora me venís con esto… ¿Qué es más importante que mi vida?

AUGUSTO: El futuro de la humanidad.

Abuela y Muñeca se miran y ríen a carcajadas.

ABUELA: Me hiciste caer. Casi te echo a patadas en el culo. ¡Mmm, que rico café! En esto sí que me doy un lujo. Probalo.

AUGUSTO: No quiero, gracias.

MUÑECA: Tu abuela te dijo que lo pruebes, no seas mal educado.

AUGUSTO: Ubicate, Muñeca, vos a mí no me das órdenes.

ABUELA: (Haciendo gestos obscenos) Bien que te gusta cuando ella sigue tus órdenes.

AUGUSTO: ¡Abuela! ¿Cómo…?

ABUELA: Tranquilo, nene, tus secretitos están a salvo conmigo. Siempre. ¿Cómo va el espacio? ¿Está en el mismo lugar?

AUGUSTO: Abuela, en serio. Necesito que hablemos.

MUÑECA: Tomate el café, Augusto.

AUGUSTO: ¡No quiero tomar más café! ¡Estoy harto del café! ¡Vivo a café en el trabajo! ¡Muñeca, apágate! ¿Qué pasa? ¡Muñeca, apágate! ¡Apagate! ¿Qué pasa, abuela?

ABUELA: ¿Cómo qué pasa? La configuré para que sólo reciba mis órdenes. Mirá si entran a robar y un extraño la controla.

AUGUSTO: ¿Yo soy un extraño?

ABUELA: Tomate el café, Augusto, no me lo desprecies. Sobre todo si me vas a mandar a morir. Tu jefa debe estar contenta con un lacayo obediente como vos.

AUGUSTO: Este café está…. Rico, en serio. Abuela, por favor… Tenés 150 años, hace medio siglo que se murió el abuelo…

ABUELA: ¿Y qué? ¿No puedo querer seguir viviendo? ¿No puede gustarme seguir escuchando la misma canciones todos los días? ¿Mirar las fotos donde estaban todos vivos? Mirá esta foto, mirala a tu mamá, ¿Te acordás? ¿Y de tu papá? ¿Te acordás de tus tíos, tus primos? A veces sueño con que estamos todos en esta mesa, comiendo. ¿Los soñás vos? ¿No lo hacés, verdad? Si no trabajás en la planta, trabajas mientras dormís, por un sueldo de mierda que no te alcanza para nada y ahora querés mi plata para seguir trabajando en el “futuro”. ¡Qué me importa el futuro, si no puedo tener el pasado! Andate de mi casa y no vuelvas más. ¿Me oíste?

AUGUSTO: Lo que estoy investigando, podría acabar con las guerras, abuela.

ABUELA: La guerra siempre existió, querido. Antes de que desaparezcan las guerras, vamos a morirnos todos.

AUGUSTO: Abuela, te estoy diciendo que puedo terminar con los enfrentamientos. Las armas… apagala a Muñeca, por favor.

ABUELA: Prácticamente somos la misma persona, no hay problema…

AUGUSTO: Por favor… Entre nieto y abuela, sin posibles buchones.

ABUELA: Muñeca, apagate. Bien, ahora estamos solos.

De adentro de la heladera y la cocinan empiezan a salir los familiares y otros extraños con armas, danzan.

AGUSTO: Necesito la pensión para mi… ¡Mamá! ¡Papá! ¡Abuelo! ¡Tíos! ¡Primos! ¿Y estos quiénes son?

ABUELA: Hablame de las armas, Augustito. Las armas.

AUGUSTO: Es mejor que no lo sepas. Qué lindas armas que tienen ellos. Qué bueno que nos las regalan, ¿No? El plomo que nos protege, nos acuna.

La puerta se abre de par en par y entran drones, tanques, aviones, cañones, barcos. Desfilan.

ABUELA: Augusto, háblame de las armas. Las armas, Augusto. Hablame de las armas.

AUGUSTO: Las armas… ¿Y mi hermana dónde está?

MUÑECA: Hola, Augustito.

AUGUSTO: Vos no sos mi hermana. Yo no tengo hermana.

MUÑECA: Puedo serlo si querés. Puedo tocarte también si querés. Mira mi boca en forma de cañón de tranco doble ¿No te excita?

AUGUSTO: Pero está la abuela.

ABUELA: Por mí no te hagas problema, querido. Acostate en la mesa, vení. Relajate. Las armas, háblame de las armas, Augusto.

AUGUSTO: Todo… Ay qué bien…Muñeca, te extrañaba. Todo el armamento que puede ser controlado por una computadora, yo lo podría… Ay, no muerdas. ¡Mamá, trabajo en el espacio como vos querías! ¡Eso, muñeca, eso! ¡Papá, ahora tengo mi propia oficina, como vos tenías! ¡Ahí, muy bien, eso! Abuelo… ¡Qué bueno que te mató la radiación, viejo choto! Ay, ay, ay, eso, sí…

ABUELA: Las armas, Augusto. Hablame de las armas.

AUGUSTO: Ahí, sí, sí, eso, eso. Las armas… ¡Cuando duermo, creen que estoy desarrollando un código para la distribución de alimento entre las colonias, pero, sí, sí, eso, sí, ahí viene, ahí viene, ahí, ahí, ahí! ¡Sí, muñeca!… ¡Ah!

Salen de los cajones fuegos artificiales, explota pólvora, saltan granadas.

AUGUSTO: Pero en realidad, estoy creando un código para inhabilitar sistemas de ataque. ¡Ah! Qué bueno que vine a visitarte, abuela…

ABUELA: Ese es mi Augustito… El futuro de la guerra en sus manos… Muñeca, despertalo. (Sale con todos los otros personajes detrás, salvo Muñeca)

MUÑECA: Será un placer.

AUGUSTO: ¡No! ¿Por qué? Abuela, por favor, ¿Qué pasa? ¡Abuela! (Vomita el café)

La iluminación de la sala cambia de cálida a blanca. Los electrodomésticos y las alacenas guardan su forma, pero ahora son solamente lisos, blancos, como si fueran cajas pegadas. La ventana de la cocina cambia: ya no vemos el campo, ahora hay una sala contigua, con sillas, escritorios y computadoras. Allí aparece la Jefa, quitándose la peluca rubia platinada de la Abuela.

JEFA: Debería matarte por esta traición pero, ¿Qué sentido tiene? Tu vida nos pertenece, tus sueños nos pertenecen. Ahora vas a venir a mi oficina y me vas a explicar cómo funciona tu programa. Muñeca, límpiale la entrepierna. Te espera un gran futuro, Augustito. Felicitaciones.

MUÑECA: Me cambiaste la jugada, tu amor era de la salada. Yo sé que la etiqueta estaba, pero no era original… (Continúa cantando hasta él apagón)