ESCENA 1:
Colegio secundario estatal, viernes al mediodía, cambio de turno. Chapultepec ingresa al edificio. Tiene la forma de un dedo pulgar de un metro de alto, sin extremidades, que se mueve arrastrándose sobre su base. Sus cuerdas vocales están fusionadas por lo que no puede hablar. Observa el ascensor abierto en la planta baja e ingresa al mismo. Las puertas metálicas se cierran y la luz se apaga. El ascensor no asciende. Chapultepec se acerca al tablero y golpea con su cabeza el botón que indica primer piso. Pasan caminando por fuera del ascensor dos profesoras.
MARTA – Susana, ¿cómo estás?
(Chapultepec golpea su cabeza contra la puerta metálica.)
SUSANA – Llegando tarde, ¿vos ya te vas?
(Chapultepec continúa golpeando su cabeza contra la puerta metálica.)
MARTA – Hoy sí, tengo un turno médico.
(Chapultepec se distancia de la puerta y ve un chorro de sangre que cae por la misma.)
SUSANA – ¿No anda el ascensor?
MARTA – No, estuvo todo el día descomponiéndose, la vicerrectora sugirió no tomarlo.
(Chapultepec se deja caer al suelo. Transpira, se sopla el rostro. Respira agitado, entrecortado.)
ESCENA 2:
Han pasado cinco horas. Las clases están por terminar. Chapultepec está tendido en el suelo. A su alrededor hay un gran charco de sangre. Respira muy lento. Pasan caminando por fuera del ascensor los alumnos que se retiran del colegio.
MATÍAS – Chau Tomás, te veo el lunes. Avisame si te conectas mañana al Counter.
(Chapultepec intenta incorporarse sin éxito.)
TOMÁS – Dale Mati, si mi mamá me deja te escribo.
(Salen del colegio.)
MACARENA – ¡Acordate de llevarme la mini para esta noche!
(Chapultepec respira muy lento.)
MICAELA – Quedate tranqui Maca, te la llevo. (Le guiña un ojo y sale.) (Macarena busca a su hermanito, lo toma de la mano y sale.)
(La puerta del colegio se cierra. Ruido a llaves. Chapultepec suspira profundamente. Sus ojos se cierran paulatinamente.)
APAGÓN.