Personajes:
Rocío: Niña Mestiza de: 11 años; de 8 años y de 6 años. De piel turgente.
El Hombre: 50 años aproximadamente. Mulato, piel de madera con surcos muy marcados.
Abuela: Anciana. Volptuosa como fruta madura, muy redonda, pocas arrugas. Larga trenza gris oscuro.
Hombre Joven: 18 años. Mestizo, piel tallada y brillante.
Funcionaria 1: Blanca, baja, regordeta, cabellera y plumaje tinturado en rojo con raíces negras.
Funcionaria 2: Trigueña, cabellera y plumaje tinturado de rubio platinado. Altísi ma y extremadamente delgada.
Vigilante: Casi anciano. Cabellera blanca enrulada. Piel aceituna.
Mujer Embarazada: Edad indeterminada, de rostro aterido. De su pecho cuelga un niño que llora y se amamanta constantemente. Otros de sus brazos.
La Madre: 40 y pico. Mujer de gran tamaño y brazos fortísimos. Blanca y rosada.
El Padre: Casi 50 años. Mestizo. Cuerpo enjuto, de músculos nerviosos como raíces y bigote poblado muy negro.
Hombres Uniformados: Uniforme camuflado. Sin rostro
Agentes de Uniforme celeste: Blancos y muy rubios.
Escena I
Una enorme ciudad. Ligera llovizna de una
madrugada invernal. Los primeros rayos de
sol ofrecen un mínimo abrigo al cuerpo de
Rocío. De 11 años, abrazada a sí misma,
dormita en la acera bajo un enorme edificio
oficial. Tiembla. Viste únicamente un ligero
trajecito estampado en flores.
Una paila de aceite hirviente chisporrotea.
El Hombre, concentrado en su labor,
hábilmente fríe un grupo de empanadas
tras otro. Rocío las mira con deseo, sentada
en un andén frente al carrito del Hombre, el
ruido de la ciudad desaparece poco a poco
y Rocío sólo percibe el “ptttsss” de la
manteca hirviente. Un corrientazo por la
espalda de Rocío desvía su atención.
Aprieta sus ojos.
Rostro angustiado de un hombre enjuto, la mirada
vidriosa, cierra los ojos con fuerza como aguardando un
golpe.
Rocío suelta un ahogado gritito silencioso.
El Hombre la mira por un segundo al
tiempo que da vuelta a las empanadas en la
freidora. Sus miradas se encuentran. No
dice nada. Ella tampoco.
La Abuela se mece con desdén en su hamaca. Rocío (6
años) la observa divertida sentada en el suelo mientras
come un jugoso mango maduro.
Abuela: (Socarrona) Yo no vuelvo má, a esas personas de
la capital se les mete el frío en la’entraña. (Se
palpa las caderas)
La cara de Rocío, degustando el olor,
peligrosamente cercana al aceite hirviente
es retirada de un sopapo por el Hombre.
Rocío se retira como una fierecilla herida a
la acera donde estaba antes.
El Hombre: (Sin dejar de mirar sus
empanadas) Vendo
empaná frita, no hocico
quema’o.
Rocío mira con odio al Hombre que sigue
en su labor como si nada.
El sol finaliza su aparición, por fin. Rocío
busca presurosa un rayo que le caliente un
poco.. Cierra sus ojos, y enfrenta su rostro a
la luz. Sonríe.
Numerosos campesinos entre los que se encuentra Rocío
(11), abordan un bus asistidos por agentes de uniforme
celeste identificados con brazaletes de insignias coloridas.
Entre los campesinos no hay un solo hombre joven; sólo
mujeres, niños y ancianos.
Rocío gira casi sin quererlo. El Hombre la
observa. Ve su cuerpo dibujado en silueta a
través de la delgada tela de su corto
vestido estampado en flores. Agudiza su
mirada, ve también sus muslos que se
revelan jugosos con el ondear de la falda.
Rocío se detiene en seco.
El Joven, morral al hombro, se aleja caminando sobre un
campo infinito. Levanta un brazo despidiéndose sin mirar
atrás.
Rocío estática. La sonrisa ha desaparecido.
El Joven de cuclillas frente a Rocío (8).
El Joven: Yo voy a volver, lo prometo. Es un tiempito nada
más. Somos más y en un santiamén acabamos con esos
perros.
Rocío con el rostro adusto. El Hombre,
avergonzado, baja la cabeza. Rocío se
sienta en el pavimento, abrazada a sí
misma. El frío de nuevo. Tiembla. Se
adormece.
Dos carcajadas despiertan a Rocío. Levanta
la mirada. Aquel estruendo llorón
pertenece a un par de mujeres que se
deleitan con sendas empanadas: la grasa
escurre de sus labios, amontonan montañas
de ají antes de cada tarascazo, mastican
ruidosamente, se relamen. El estómago de
Rocío ruge.
El Hombre: Se le ofrece algo más, doctora.
Funcionaria 1: Coca-cola light.
Funcionaria 2: Una botella de agua. Con
gas.
Rocío las mira con curiosidad, se le antoja
que son dos torcazas. Las mujeres se
transforman en aves. Las ve graznar, no
hablar.
Con voz gallinácea:
Funcionaria-Pájaro 1: Ha sido un día de
mierda.
Funcionaria-Pájaro 2: (Mirando alrededor)
Vienen por miles. A
ver si nos dan un
descansito.
Inmensas serpientes de gente que avanzan
perezosamente hacia el monumental
edificio. Rocío repara en las filas de gente,
se levanta de un brinco.
Una mujer con uniforme celeste y brazalete reparte un
papel a cada persona que sube al bus. Rocío (11) lo recibe
y sube.
El Hombre la mira con consideración a
Rocío. Guarda algunas empanadas en una
bolsa de papel y se dirige a la entrada del
edificio. Entrega la bolsa al portero y le
dice algo al oído. El Hombre vuelve
rápidamente donde Rocío, la toma de la
mano sin decir una palabra y la lleva a la
puerta, el vigilante la deja entrar a pesar de
las protestas de las gente.
Vigilante: (Autoritario) ¡Es una niña!
¡Tienen que tener consideración con una
niña! ¡Por Dios! (Toma una empanada de la
bolsa. Masticando ruega al cielo) Qué
mundo, Dios santo.
Escena II
Luz de neón, blanca y mortuoria. Rocío
sentada en una rígida silla de plástico
blanco. Todo allí dentro es blanco. Espera
que La Funcionaria 1 le haga entrar en una
oficina donde La Mujer Embarazada
sostiene una criatura que no para de llorar
con un brazo, mientras que con la mano
que le queda libre sostiene a cinco niños
más. La Mujer Embarazada, petrificada,
escucha con la boca abierta alguna
explicación de parte de la Funcionaria 2
que sostiene en sus manos sendos
formularios de papel.
Rocío (11) se lanza desnuda al vacío. Caída libre por varios
metros. Se clava con perfección en las quietas aguas de
una brillante laguna verde. Nada placenteramente
desnuda. Sale del agua y se tumba al sol. Pasa un instante.
Una mujer con uniforme celeste y brazalete reparte un
papel a cada persona que sube al bus. Rocío (11) lo recibe
y sube.
Rocío observando a la Mujer Embarazada,
quien sale de la oficina limpiando el
copioso llanto de sus ojos, lleva un
documento en la mano que guarda como
un tesoro en su seno. La Funcionaria 1 hace
una señal a Rocío para que se aproxime. Al
levantarse, el equilibrio le falla, toma aire y
se dirige a la oficina con dificultad.
Rocío se sienta al otro lado del escritorio.
Coloca sus tiernas manos sobre el vidrio
pero el frío le pica eléctrico y las retira. La
Funcionaria presta a escribir en una vieja
máquina sonríe a Rocío con candidez.
Rocío somnolienta apenas si escucha las
preguntas.
Funcionaria 1: Nombre.
Rocío: Rocío. Me dijeron que en este lugar
me van a ayudar.
Funcionaria 1: Es cierto, cariño. Apellido.
Rocío: Tengo hambre, señora.
Funcionaria 1: Terminamos pronto y
puedes comer. ¿Ok, mi amor?
Rocío: (Mareada) Si, señora.
El estómago de Rocío pretende vomitar,
pero con el estómago vacío solo expulsa
una baba espumosa. Se limpia con
vergüenza.
Funcionaria 1: (Sin reparar en la arcada de
Rocío): ¿Estás solita? ¿Vienes sin tu familia?
Rocío ya no puede hablar, tampoco
escuchar. La Funcionaria 1 la llama en vano.
Rocío cae.
Rocío (11) corre presurosa por entre el monte.
Rocío: Virgencita santísima… que mi mamaíta no me
encuentre porque me revienta a juete por andar
biringa.
Al acercarse sabe que algo no está bien. Se oculta por los
matorrales, tras ellos ve hombres uniformados que revisan
todo el rancho, algunos se llevan las gallinas y saquean a
pesar de los ruegos de La Madre. Su padre afuera, de
rodillas con las manos en la cabeza, inmóvil e impotente.
Se escucha el llanto de un bebé.
El Padre: Yo no hice nada lo juro, yo no hice nada.
La Madre: ¡Roc…! (Ahoga otro llamado)
Comandante en Camuflado: Ustedes servirán de
escarmiento a los demás.
Pa’ que no anden regalando
hijos al enemigo.
Rocío en los matorrales observa espantada. El Padre es
obligado a arrodillarse manos a la nuca, frente a él atan a
La Madre a un tronco, hay una breve lucha, y uno de los
hombres uniformados cae privado por el golpe que le
propina La Madre. Disparo. La Madre muerta. El rostro de
El Padre se transforma en una mueca de horror. La mirada
del padre se cruza con la de Rocío, El Padre cierra sus ojos.
Otro Uniformado impacta con una roca el cráneo de El
Padre. Un golpe, otro, otro. El Padre se arrastra. Varios
Uniformados se lanzan sobre él, lloviendo patadas y
culatazos. Sonido de un helicóptero. Por fin el cuerpo
ensangrentado deja de moverse. Rocío ahoga un grito. El
llanto del bebé se hace más intenso. Un uniformado entra
en el rancho. El llanto cesa de golpe.
Rocío se desmaya.
Escena III
Rocío abre los ojos. La cubre la campera del
Hombre. Intenso atardecer naranja. El
Hombre recoge sus cosas, se le nota
cansado. Entrega un agua de panela
humeante a la niña. Rocío quiere tomar una
empanada pero el hombre palmea su
mano.
El Hombre: Eso no es comida. (Señalando
el edificio) Es veneno pa’ matá a los
malparidos… (Sonríe travieso) Están
hechas de ratón y mierda. (Suelta una
carcajada)
Rocío también sonríe.
El Hombre: En el cuarto donde vivo tengo
comida de verdad, arroz, yuca, carne,
lentejas.
Rocío ayuda al hombre a guardar sus
últimos chécheres. El Hombre observa las
manos de Rocío.
Rocío y El Hombre caminan por la larga
calle. Se toman de la mano. Se pierden en
el horizonte mientras la ciudad se entrega a
la oscuridad.
FIN