Tres cabezas sobre un torso de césped gigante, dos brazos con sus respectivas manos, sin piernas, sin pies.
Calor intenso, ni una gota de aire alivia la humedad pesada del ambiente.
En tan agobiante calma las triamesas logran percibir el latido de su gran corazón dentro del torso compartido.
Abrieron los ojos Izq y Med, pero Der aun los mantenía cerrados.
Izq: bu
Med: e
Izq: d
Med: i
Se extrañaron al no poder completar su saludo. Una leve ventisca repentina y pasajera invadió el torso césped de las hermanas. Ellas inspiraron hondo e intentaron contener todo el aire fresco que pudieron mientras circulaba jugueteando en el torso verde mullido.
Cuando no pudieron retenerlo más, se les escapó soltando una carcajada. Las dos al unísono miraron a Der
Su cabeza colgaba tirando hacia el lado derecho. Med desesperadamente pidió a Izq que con el brazo izquierdo la despertara.
No despertó.
Izq y Med peinan la cabeza de Der, ahora sujeta por una cuerda al árbol. Ambas perfuman a Der y riegan su torso césped con llanto de recuerdos, cuando reparan que una de sus partes comenzó a pudrirse. Unos chirridos agonizantes salen del brazo derecho que
comienza a tener convulsiones. Izq y Med lo contienen, intentan reanimarlo con su aliento.
Cesa el ruido de su partida.
Izq: A
Med: di
Izq: d
Med: e
Izq y Med quieren abrazarse pero no pueden, Izq con el brazo izquierdo acaricia su rostro y luego el de su hermana que con un pestañeo le devuelve el gesto consolador.
Las campanas sonaban, el aire parecía haberlas reanimado y ahora corría agitando rudamente el pasto del torso desnudo de las
triamesas, volvía a acariciarlas pero de un modo rudo. Las dos temerosas escondieron sus cabezas en el pasto.
Viento: solo vine a avisarles que se aproxima una tormenta de insectos.
Las tres cabezas cubiertas de insectos, Izq y Med luchan con el brazo derecho para sacarlos y soplan para no tragarlos.
Izq: a
Med: H
La podredumbre los atraía con fuerza de imán.
El brazo izquierdo logró sacar los bichos arrancando parte de su torso putrefacto y arrojándolo lejos de ellas, los bichos migraron en un santiamén hambrientos en busca de la nueva presa.
Cuando lograron ver Izq y Med, la cabeza de Der ya no existía, los insectos se habían encargado de sus restos, solo el brazo muerto aún colgaba a un costado.
Izq y Med con el brazo Izquierdo, se arrancaron el derecho y lo arrojaron muy lejos, junto a sus restos de césped corroídos por la peste.
El viento cesó al mismo tiempo que la invasión.
Salió el sol.