VERÓNICA ALLOCATI
Azul. 5 de agosto. Capas paralelas y opacas.
Naufragan en un prolongado sueño.
Espeso calor abraza.
Lámparas prendidas sobre párpados cerrados.
Ruedan dormidos sin destino alguno.
Duermen hace trescientas horas.
Intentan despegarse el sueño adherido hace días por los excesos.
Almohadas blancas pendulan marcando un tiempo denso y
apaisado.
Se desperezan, rastrean. Reptan sin lograr incorporarse.
¿Qué día es hoy?
¿Estaba pronosticado?
Uno de los cuerpos parece incorporarse y se desarma nuevamente.
Se desplazan muy lentamente. Arrastran sus pies. Casi se deslizan.
Pasan.
Son hombres, mujeres, niños y algunos animales.
Andar lentísimo.
Caminantes sin pies.
Seis personas y un bebé.
Algo inunda el aire en la ciudad capital.
Se suman capas de lechosa marea, oscuridad blanquecina.
Calígine sobre todas las cosas.
Pescadores dejan de pescar y se lanzan a la caza.
Un bebé escapa de su mamadera.
Instintos exacerbados.
1362 llaves y 14 perros se extravían.
Vuelven a atravesar el espacio en distintas direcciones y arrastrando
sus pies cuerpos como sonámbulos.
Una soprano con paladar de prótesis de plata forjada suelta su voz
que inunda el espacio al mismo tiempo que la neblina oscura sigue
subiendo.
Entre los cuerpos deslizándose transita una mujer desnuda cubierta
por un velo rojo.
¿Es Tanit, la sacerdotisa?
Valquirias de senos puntiagudos y abundantes descienden de los
cielos.
De pronto todo se detiene.
Silencio de automóviles.
Parálisis citadina.
Un hechizo, los cuerpos son desprendidos de sus vestimentas.
Se elevan y flotan en el aire hasta que dejan de verse.
Se rastrean. Se huelen.
Suena la soprano con mayor intensidad.
Los cuerpos siguen sus rastros como sabuesos en celo.
Se palpan, se tocan, se tantean. Olfatean los aires que circundan.
La piel, instrumento sin miedo a las miradas.
Canciones y risas por todas partes.
Amasijo de cuerpos entrelazados.
Dos que se encuentran. Se descubren.
Cuerpos que se degustan sin verse.
Antro de placeres imprevistos.
Tanit corretea entre los cuerpos sacudiendo su velo rojo.
Sesenta en busca de Nelly.
Estallido de carcajadas.
La soprano rechina la prótesis de plata forjada y su voz resuena en el
espacio.
Silencio profundo
Algo cambia. El paisaje se raja y sus sombras y contrastes redibujan
la masa de cuerpos.
Aclara y son sorprendidos por la mirada.
Ellas descienden espectrales y aladas sobre un mar de pieles.
Las valquirias guerreras: ¡Vean para creer! ¡Véanos!!
Todos con desesperación se tapan los ojos.
Grito desgarrador. ¡Nooo!